Teoría Nietzsche
ANEXO I. TEORÍA
1. EL CONTEXTO HISTÓRICO-FILOSÓFICO.
1.1. El romanticismo.
Nietzsche vive y piensa y escribe durante la segunda mitad del siglo XIX. Es esta un época especialmente compleja desde cualquier punto de vista: histórico, económico, filosófico etc. Es una época de cambios y confusión donde no existe una única cosmovisión o paradigma, sino que el mundo, la sociedad y la vida son explicados o comprendidos desde distintas teorías, ideologías y perspectivas. Algunas influyen de manera decisiva en el pensamiento de nuestro autor, por ejemplo el romanticismo. Para entender cabalmente el romanticismo es preciso remontarse más atrás.
Los románticos toman como punto de partida el fracaso del proyecto ilustrado. Los ilustrados habían vaticinado el triunfo definitivo de la Razón sobre todas las fuerzas políticas (Antiguo Régimen) e ideológicas (tradición, superstición...) que se le oponían. Sostenían que el progreso técnico llevaría aparejado un progreso moral, pues en ambos casos se trata de una sola razón la que está “trabajando”. Todo ello les hacía mirar al futuro con esperanza e ilusión, en el convencimiento de que algo mejor aguarda a la humanidad, de que la Luces de la Ilustración orientarían a los hombres hacía una sociedad más justa, libre, igualitaria y fraternal. Si en algo están de acuerdo los “intelectuales” del siglo XIX (escritores, artistas, filósofos, científicos...) es que nada de eso se ha producido y que, por tanto, el proyecto ilustrado había fracasado.
Para hacernos una idea de la situación podemos tomar como guía el lema de la revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Se suponía, desde la perspectiva ilustrada, que estos ideales estaría más cerca de alcanzarse casi un siglo después de la Revolución, ¿Es así?
Empecemos con la libertad. El siglo XIX es el siglo de la revolución industrial, grandes masas de población se trasladaron desde el campo a las incipientes ciudades industriales en busca de una vida mejor. Como ya no eran siervos, como eran hombres libres, pudieron firmar libremente contratos de trabajo en virtud de los cuales trabajarían setenta (o más) horas de trabajo en una fábrica en condiciones pésimas para sustentar a su familia, a su prole (así nacieron los proletarios). La verdad era que un esclavo de la antigua Roma vivía bastante mejor que un proletario, (libre, ¡eso sí!), europeo de mediados del siglo XIX. La libertad política se había convertido en una trampa. En el Antiguo Régimen el noble era responsable del bienestar de sus siervos, ahora el proletario podía morirse de hambre y nadie era responsable de su situación.
Continuemos con la igualdad. Las leyes liberales garantizan la igualdad jurídica de los ciudadanos (y progresivamente de las ciudadanas). ¿Es el siglo XIX más igualitario que los anteriores? Vamos con los hechos: la revolución industrial propició un aumento de la productividad y, consiguientemente de los beneficios y de la riqueza ¿cómo se repartió? La alta, burguesía aumento muy considerablemente su nivel de vida, mientras que los proletarios continuaron una vida de mera subsistencia en el mejor de los casos. Conclusión: en el siglo XIX no hay más igualdad, sino menos, que en los siglos anteriores.
Finalmente la fraternidad. En ningún periodo histórico los hombres se han comportado fraternalmente (y esto será destacado por nuestro filósofo) pero el siglo XIX es, en este aspecto, también peor. Pensemos que este es el siglo del colonialismo: las potencias europeas se lanzan a la conquista de lo que hoy llamamos tercer mundo para hacerse con el control de las materias primas y así asegurarse su prosperidad económica.
Así pues el siglo XIX es un siglo desencantado con los ideales ilustrados y se genera una reacción que tiene su origen en el mencionado desencanto pero que avanza en sentido opuesto:
a) Una solución será la “huida hacia delante”, hacia el futuro. La causa del fracaso estaría en que no se ha profundizado en las idea ilustradas, es preciso un nuevo impulso. Esta es la opción del marxismo.
b) Otra solución es la “huida hacia atrás”, hacia el pasado. El siglo XIX será visto como un siglo artificioso y horrible y se buscarán modelos de vida más genuinos, más auténticos en el pasado. Esta es la opción del Romanticismo.
Nietzsche se verá influido por este segundo movimiento, por la segunda opción: el romanticismo. Sería demasiado simplificador afirmar que Nietzsche es un romántico, pero de lo que no cabe duda es que algunas ideas y valores de los románticos podemos encontrarlas en nuestro autor, especialmente en sus primeras obras. Una adecuada comprensión de las características del romanticismo puede ayudarnos a comprender a Nietzsche. El romanticismo se caracteriza por:
- Una búsqueda de referencias en el pasado, fundamentalmente en la antigüedad clásica. Los románticos entienden que antaño podían encontrarse modelos, hombres y valores más “humanos” que los que propicia la sociedad industrial.
- El individualismo. Al contrario que al marxista, el romántico no tiene por objetivo cambiar la sociedad, aspira a cambiarse él mismo. Entiende que los males del mundo posiblemente no tienen remedio pero aspiran, a través del arte y la “cultura”, a una vida más plena. Pero “la salvación” no está al alcance de todo el mundo. Sólo unos pocos tienen las cualidades: sensibilidad, educación, cultura..., que les permitirán gozar del nuevo modelo de vida propuesto. El individualismo conduce al elitismo.
- Revitalización de la noción de “genio” y de la “creación artística”. En muchos aspectos el romanticismo es un resurgir los ideales y modelos del renacimiento. El genio, como Miguel Ángel, es una fuerza creadora que engendra algo mejor, algo fuera de lo común que no está al alcance de la mayoría.
- Desconfianza, y, a menudo, desprecio, hacia la ciencia y la técnica. Los románticos están convencidos de que las cuestiones fundamentales de la vida están fuera del alcance de la ciencia, que sólo proporciona una visión superficial de las cosas. Sólo el genio, el artista, puede iluminarnos con su obra y el ejemplo de su vida.
- Nacionalismo. La ilustración es un movimiento cosmopolita: la razón humana es la misma para todos, las ideas y los ideales también. Los románticos reaccionan frente lo que ellos consideran una abstracción (no existe el Hombre, dirán, sólo franceses, italianos españoles...) y proponen una vuelta a las raíces, a la cultura popular, a la patria. En su viaje, encontrarán “sospechosas” todas aquellas ideas y valores ajenos a la propia cultura y, por el contrario, alentarán todos los intentos de recuperar la “identidad perdida”.
Nietzsche, fundamentalmente en su juventud, conoce muy bien este mundo romántico (no en vano será amigo de Wagner) y participa de la mayoría de sus ideales. Con algunos matices:
-Nietzsche acabará encontrando decadente y perniciosa la continua añoranza del pasado. Por esa vía el romanticismo propicia la narcosis, la decadencia y el desprecio de la vida.
- Por otra parte Nietzsche nunca fue nacionalista, por el contrario fue uno de los primeros en hablar a favor de una Europa unida.
1.2. El darwinismo social.
Darwin escribe “El origen de las especies” en 1859. Esta obra conmociona a la Europa de la segunda mitad del XIX. La primera reacción, por la parte más conservadora de la sociedad fue de indignación y escándalo y así la teoría de Darwin pasó a ser conocida, de manera despectiva, como la teoría del mono. Pero pronto, primero la burguesía de la Inglaterra victoriana y después la del resto de Europa, encontraron la manera de utilizar una teoría científica para justificar determinadas opciones ideológicas: Si en la naturaleza el pez grande se come al chico es natural que en la sociedad pase lo mismo, así pues los ricos y las clases dirigentes lo son, no porque se aprovechen del trabajo de los débiles, sino porque son los más aptos. Esta extrapolación de la teoría darwinista a la política y a al teoría social se conoce con el término de darwinismo social.
Nietzsche nunca se reconoció como darwinista (y menos como darwinista social) y siempre que habla de ellos lo hace con desprecio. Por ejemplo: los darwinistas sociales veían en la burguesía los ganadores en la lucha por la vida, ellos eran los más aptos. Sin embargo nuestro autor siempre considera “animales gregarios” “débiles y enfermizos y decadentes” a la alta burguesía del XIX. Así pues no siempre ganan los más aptos.
Sin embargo es innegable que hay ideas en Darwin que aparecen en Nietzsche, pero más que por una influencia directa, por que “estaban en el ambiente”. Darwin considera que la vida no es paz y armonía sino que asemeja a un campo de batalla, lo que en realidad sucede es una lucha por la vida y la supervivencia. Nietzsche no puede estar más de acuerdo.
1.3. Schopenhauer.
Nietzsche no es un filósofo (al menos no un filósofo profesional) y sus lecturas filosóficas son más bien escasas. Sin embargo sí hay un filósofo al que lee y cita con respeto (quizás el único), este es Schopenhauer, que a su vez es discípulo de Kant. Schopenhauer escribe en 1918 “El mundo como voluntad y representación” y allí sostiene unas ideas que acompañan la trayectoria intelectual de Nietzsche (fundamentalmente en su juventud):
La vida no es producto de una razón, no es expresión de una armonía preestablecida, no es el mejor de los mundos posibles. La vida es una manifestación de una ciega voluntad de vivir, voluntad que no responde a ninguna lógica ni a plan alguno, la vida es ciega e irracional, por ello no debemos extrañarnos si el egoísmo y la crueldad reinan por doquier. De ahí el pesimismo del filósofo alemán: el mundo no tiene solución, no será mejor dentro de unos años o unos siglos. La irracionalidad y el absurdo, la falta de sentido acompañaran a la vida (y a la sociedad) por siempre.
¿No hay solución? Pues casi. No hay solución colectiva pero para el individuo lúcido quedan dos opciones:
a) encontrar el sentido a través del arte, por medio de la experiencia estética. La contemplación de la belleza es el único bálsamo en este asqueroso mundo.
b) Renunciando a la voluntad de vivir. Este es el camino del asceta, del santo que renuncia al mundanal ruido y encuentra así algo de paz.
Nietzsche se mantendrá fiel algunas de estas ideas a lo largo de toda su vida y mostrará su desacuerdo con otras. Aceptará y sostendrá que la vida es voluntad de vivir y que encontramos el sentido a través de la experiencia estética. Rechazará el pesimismo de Schopenhauer, si la vida es así debemos aceptarlo de forma alegre y gozosa, así como el ideal ascético, el asceta representa la voluntad de nada, es lo contrario a la voluntad de vivir.
2. VIDA Y OBRAS
Friedrich Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken, en la Turingia, en el seno de una familia profundamente protestante (tanto sus abuelos como su padre fueron pastores protestantes). Él era el primogénito, pero tuvo una hermana, Elizabeth, que jugó un destacado papel en su vida. En 1849 murió su padre, y la familia se trasladó a Naumburgo, donde realizó sus primeros estudios. A partir de 1859 estudió en la prestigiosa escuela de Pforta, donde recibió una esmerada educación y comenzó a experimentar la influencia de Schopenhauer.
Posteriormente estudió filología clásica y teología en Bonn durante el curso académico de 1864-1865, aunque abandonó la teología para dedicarse solamente a la filología clásica, cuyos estudios prosiguió en Leipzig. Durante esta época se acentuó la influencia de Schopenhauer, y en 1868 conoció a Richard Wagner, con quien durante unos años estuvo unido por una estrecha amistad.
También parece que fue durante este período que contrajo la sífilis, posible causa de su posterior enfermedad cerebral, aunque al parecer ya antes había experimentado problemas de salud. En 1869 fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad de Basilea. Debido a sus méritos y a las alabanzas de sus profesores, la Universidad de Leipzig le concedió el grado de doctor sin necesidad de examinarse, basándose en sus publicaciones filológicas. En 1870 fue nombrado catedrático en la Universidad de Basilea de la que ya era profesor.
Participó brevemente en la guerra franco-prusiana, aunque llevado por su antigermanismo, renunció a la ciudadanía alemana para nacionalizarse suizo. En 1872 publicó El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música, libro que fue recibido con entusiasmo por Wagner, pero que fue duramente criticado por los filólogos más académicos. A partir de este momento, por presiones académicas, las clases de Nietzsche se fueron quedando sin alumnos. Entre 1873 y 1876 publicó sus Consideraciones intempestivas, que constan de cuatro textos críticos con la cultura europea contemporánea. También en 1873 escribió Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral, escrito que solamente fue publicado póstumamente, y en el que ataca el cientifismo y el positivismo.
Entre tanto, en 1875, trabó amistad con el compositor Köselitz, a quien Nietzsche llamaba Peter Gast. Aunque Nietzsche había demostrado una gran admiración por Wagner -de quien esperaba el renacimiento del espíritu trágico griego-, y durante los años de Basilea pasaba muchas temporadas con este compositor y su familia en Tribschen (en la ribera del lago de Lucerna), a partir de 1876 empezó su distanciamiento. El enfriamiento de su relación se empezó a hacer patente en 1878 con la publicación de Humano, demasiado humano (que en 1880 se completó con El viajero y su sombra), texto en el que Nietzsche marca también sus diferencias con Schopenhauer.
En 1876 obtiene una licencia por enfermedad, pues su salud se fue haciendo cada vez más precaria, y pasó el año en Sorrento. Aunque reanudó sus clases en 1877 tuvo que abandonar la docencia debido a sus problemas de salud y acogerse a una jubilación voluntaria. Por esta época, en la que ya estaba casi ciego, la ayuda de Peter Gast fue decisiva, puesto que le ayudaba a escribir, e incluso escribía directamente al dictado del filósofo. Probablemente el estilo aforístico de Nietzsche no es ajeno a esta enfermedad, ya que le era materialmente imposible escribir durante largos lapsos de tiempo. A partir de este momento su vida fue un constante viajar por diversas ciudades: Génova, Sicilia, Rapallo, Riva, Sils María, Roma, Marienbad, Niza, Naumburgo, Turín, etc. (En general, pasaba los inviernos en Italia y el sur de Francia, y los veranos en las zonas alpinas). En 1881 publicó Aurora, pensamientos sobre los prejuicios morales, y en 1882 publicó La gaya ciencia, obras en las que efectúa una crítica de la religión, la metafísica y la moral.
Por esta época conoció en Roma a Lou Andreas von Salomé, de la que se enamoró y, aunque no fue correspondido, siguió manteniendo con ella una larga relación de amistad. Entre 1883 y 1885 publicó su monumental obra: Así habló Zaratustra; en 1886, Más allá del bien y del mal y al año siguiente, La genealogía de la moral. Entre tanto su hermana Elizabeth se casó con un notorio antisemita y racista llamado Förster. En 1888 Nietzsche publicó El caso Wagner, Nietzsche contra Wagner y Ditirambos de Dionisos, y en 1889, El crepúsculo de los ídolos. En este año sufrió un ataque en Turín, del que ya no se repondría. Trasladado a un hospital se le diagnosticó «reblandecimiento cerebral». Permaneció un tiempo ingresado en Basilea, después le trasladaron, primero a Jena junto con su madre y después de la muerte de ésta en 1897, a Naumburgo y Weimar donde estuvo cuidado por su hermana y por Peter Gast. Hasta su muerte, acaecida el veinticinco de agosto de 1900, permaneció completamente mudo y prácticamente inactivo, limitándose a la redacción de unas pocas cartas, escritas en los primeros días después de su ataque, que mostraban signos de una grave enfermedad mental.
Nietzsche había dejado algunas obras listas para publicar: El Anticristo: maldición al cristianismo; Ecce Homo -texto autobiográfico- y un conjunto de apuntes manuscritos, todavía sin preparar ni revisar para ser publicados, cuyo título genérico era La Voluntad de poder. La publicación de estos escritos estuvo mediatizada por su hermana, quien los falsificó suprimiendo partes enteras que desvirtuaban su significado, destacando aquellos aspectos que luego serían reivindicados por la barbarie nazi. De hecho, en 1934 se celebró un solemne acto de conmemoración del noventa aniversario del nacimiento de Nietzsche en el que estuvo presente el mismo Hitler, lo que muestra hasta qué punto varias de las tesis nietzscheanas -falsificadas por su hermana- estuvieron apoyadas por el nazismo. Después de la Segunda Guerra Mundial y de la división de Alemania en dos, el archivo Nietzsche (ubicado en Weimar) pasó a depender de la República Democrática Alemana, y solamente pudo empezar a ser consultado a partir de 1954. En base a estos archivos, Karl Schlecta, que examinó la obra completa de Nietzsche, demostró en 1956 las falsificaciones y manipulaciones del pensamiento nietzscheano. A partir de 1964 empezó la edición crítica de sus obras a cargo de los filósofos G. Colli y M. Montinari, que solamente han empezado a ser conocidas íntegramente a partir de 1967.
3. LA CRÍTICA A LA CULTURA OCCIDENTAL.
La filosofía de Nietzsche se resume en una sola frase: la filosofía del martillo. Nietzsche pretende derribar a martillazos una cultura, toda la europea occidental, decadente y enferma que ha hecho del hombre una terrible vergüenza, que lo ha convertido en una sombra de lo que en realidad debería ser. Por eso Nietzsche va a ser un filósofo fundamentalmente crítico, crítico de la cultura occidental, o al menos de ciertos aspectos de esta cultura. Hemos visto, cuando hemos estudiado a Kant que, con la Ilustración la crítica se convierte en la principal tarea de la filosofía; una crítica en todos los sentidos: establecer cuáles son las formas de gobierno correctas (política), establecer cuales son las conductas deseables y los valores morales (moral) diferenciar la ciencia de lo que no lo es... etc. La herramienta clave que utilizan los filósofos ilustrados, y en especial Kant es la razón. La crítica ilustrada es una crítica, por decirlo así, racional. En esto se va a diferenciar la crítica nietzscheana de la crítica ilustrada: Nietzsche ya no empleará la razón, la lógica, los conceptos, ni respetará los principios del discurso lógico (el principio de identidad y el de no-contradicción). Nietzsche sustituye el lenguaje lógico y científico por el lenguaje poético, los conceptos por metáforas y aforismos. Y lo hace porque considera que el discurso lógico de los filósofos y de la ciencia en general, desde Sócrates hasta su tiempo ha sido un gran error; los filósofos han construido mediante la razón una metafísica, una manera de comprender el mundo que no solamente es mentirosa, sino que además oculta y empobrece lo que el ser humano es. Los filósofos han tergiversado la auténtica realidad: la vida; la vida con todas sus contradicciones, sus monstruosidades, sus tragedias pero también sus alegrías y elevaciones. La vida no es lógica, la vida es terrible e incoherente y, sin embargo los filósofos nos han tratado de convencer, con sus mentiras que la vida es lógica, coherente, justa... moral.
Platón nos decía que existía un mundo ideal, perfecto e inmutable, perfectamente racional y moral donde el ser humano alcanzaría su realización y su felicidad. Descartes nos hablaba de que el mundo es una perfecta cuadrícula matemática, un universo racional y geométrico diseñado por el mejor de los geómetras: Dios; nos decía además que Dios es bueno y que no puede permitir que nos engañemos y nos confundamos con respecto a la realidad. Kant, en una vuelta de tuerca más, se empeña en hacernos mostrar lo perfectamente racional y moral que es el mundo “para nosotros”. Nietzsche va a romper con todas estas tradiciones y va a defender abiertamente la incoherencia de la realidad, y a denunciar el discurso de los filósofos como el de mentirosos que falsean la vida para rebajarnos y convertirnos en borregos, esclavos, en siervos de nuestros amos. La vida no es una plantilla racional creada por dios, la vida es una desmesura incoherencia, un cambio constante, una variedad infinita, una suma de contradicciones, una constante creación y destrucción.
Por esa razón Nietzsche se interpreta a sí mismo como un hombre elegido por el destino, aquel que contradice lo que jamás se ha contradicho:
“Conozco mi suerte. Mi nombre estará un día ligado al recuerdo de una crisis, como no haya habido otra igual en la tierra, al más hondo conflicto de conciencia, a una decisión que se proclama contrario a todo lo que hasta ahora se había creído, pedido y consagrado. No soy un hombre, soy una carga de dinamita.... contradigo como jamás se había contradicho, y a pesar de ello soy la antítesis de un espíritu negador... junto con esto soy necesariamente un hombre que posee un destino. En efecto, si la verdad entra en combate con la mentira milenaria, se producirán tales conmociones, tales temblores de tierra como jamás se habían soñado. La noción de política se encuentra ahora del todo en una guerra entre espíritus, todas las formas de dominación de la vieja sociedad han saltado por el aire; todas reposan sobre la mentira; habrá guerras como nunca las hubo sobre la faz de la tierra. Solamente a partir de mí puede comenzar en la tierra la gran política”
Sea como sea Nietzsche tenía razón en una cosa: su filosofía no deja impasible, exige una toma de postura. Sea el más radical rechazo o la pura admiración, la filosofía nietzscheana ha tenido un profundo eco en la filosofía contemporánea. Y en cierta forma su vaticinio de una ruptura con la historia y una nueva época donde temblarían los cimientos de la sociedad occidental se ha cumplido... y se sigue cumpliendo. Tenemos en el siglo XX, siglo que comenzó con la muerte de este filósofo, una demostración de cómo los valores que sirvieron de base para los hombres de muchas épocas cayeron y no sin dolor, sino con guerras terribles y demostraciones infames de crueldad.
4. LOS CONCEPTOS DE “DIONISIACO” Y “APOLÍNEO”: EL ORIGEN DE LA TRAGEDIA
La meditación filosófica de Nietzsche comienza por Grecia [1], pero no por la Grecia clásica puesta de moda por los helenistas del siglo XIX sino por una particular lectura que hace el joven Nietzsche de la cultura griega. Cuando aún estudiaba en Lepizig el joven estudiante leyó “El mundo como voluntad y como representación” de Schopenhauer, lectura que dejó una marca decisiva en el futuro filósofo. En esta lectura descubrió dos ideas que van a estar presentes en toda su obra:
1. Que la vida es una irracionalidad cruel y ciega, un constante fluir donde las cosas se crean y se destruyen sin seguir una lógica sino que lo hacen por pura lucha irracional de fuerzas.
2. Y que lo único que puede salvar al hombre de esta crueldad ciega es el arte: en especial la música y la poesía.
Con estas dos ideas Nietzsche va a reinterpretar la cultura griega pues va a encontrar en los griegos pre-socráticos el ejemplo perfecto de unos hombres que aceptan esta situación: el verse agitados de forma constante por los acontecimientos irracionales sin poder hacer nada y aún así encontrar la elevación del espíritu y la superación a través del arte. Nietzsche defiende en su primera obra “El origen de la tragedia” que los griegos presocráticos interpretan la realidad de acuerdo con dos principios fundamentales representados en dos de sus dioses: Apolo y Dionisos.
Dionisos es el dios de la fuerza instintiva, el dios de le ebriedad y la desmesura, el dios de la pasión sensual y el dios de la creatividad. Dionisos representa, por tanto la vida: la vida es pura fuerza, pura desmesura, pura creatividad, pura ebriedad. Expliquemos qué quiere decir esto:
- Que la vida es fuerza y desmesura significa que la vida no se contiene, sino que es una constante e ilimitada demostración de fuerza: miremos una tempestad, ésta no se limita, no dice “destruiré sólo hasta aquí... limitaré mi fuerza” la tempestad se impone, agota hasta su última gota de fuerza. Miremos al reino animal, a la fuerza del león, por ejemplo... el león tampoco reprime sus impulsos sino que, si su fuerza se lo permite, impone su voluntad.
- Que la vida es ebriedad significa que la vida es inconsciente, e irracional. Como el impulso del borracho, no piensa en consecuencias, ni dispone de una conciencia que le diga “no debes”, sólo dispone de un impulso que le dice “haz”. Esta idea la ve perfectamente reflejada Nietzsche en las fiestas dionisiacas griegas, las fiestas destinadas a honrar a Dionisos (los romanos las llamarán “Bacanales”). En estas fiestas los griegos dedicaban un mes a “dejarse llevar”... se embriagaban con vino, con poesía, con teatro y dejaban que les poseyera el espíritu de Dionisos, es decir, se abandonaban a sus impulsos vitales. El vino y el ambiente hacían que los valores morales, la conciencia, los prejuicios se relajaran y saliese fuera lo verdaderamente vital, los impulsos realmente originales que hay dentro de cada hombre. Por eso también la vida es sensualidad, porque el impulso sensual y erótico sale cuando las barreras de los prejuicios caen.
- Que la vida es creatividad significa que la vida está constantemente creando y recreando lo nuevo. La vida es constante creación. Si no, echemos un vistazo a la naturaleza, miremos la variedad de formas vitales que ha creado la vida y el incesante aparecer de “lo nuevo” constantemente. La vida se comporta como el mejor de los artistas, con una creatividad, una fuerza y una belleza inagotables.
Pero junto a lo dionisiaco el espíritu griego desarrolla lo apolíneo. Apolo es, según Nietzsche, el dios intelectual, el dios de la medida y la moderación y el sentido, pero es sobre todo el dios de la armonía. Y sabemos, con poco que nos fijemos en el espíritu griego que los griegos son unos devotos de la armonía (entendiendo por armonía la perfecta relación entre las partes de un todo).
El espíritu griego, por esta razón, está dividido entre las tendencias dionisiacas y el alma apolínea: entre la desmesura y la armonía. Sería injusto decir que los griegos (incluso los presocráticos) son meramente dionisiacos. Mediante lo dionisiaco se puede entender la pasión poética, el éxtasis musical, la valentía, pero no se puede entender el arte geométrico, el refinado gusto por la medida, la filosofía, la moral de la mesura. Los griegos son el resultado de esta lucha entre lo apolíneo y lo dionisiaco: por una parte sus vidas expresan la aceptación del sin-sentido de la vida, de su fuerza, su pasión, su creatividad y se dejan llevar por ella. Pero por otra parte están dominados también por un deseo de encontrar el sentido, de poner límites, de hallar razones para todas las cosas: por esta razón inventan la filosofía, inventan (en cierto sentido) las matemáticas, y desarrollan el arte geométrico, el arte de la medida. El griego traduce su fuerza, su creatividad y su pasión (su Dionisos interno) en música, poesía o arquitectura, pero lo hacen siempre según principios de medida (su alma apolínea), creados por ellos mismos (la música según esquemas armónicos: jónico, dórico, frigio, lidio, mixolidio, eólico y locrio; la poesía según modelos métricos: los exámetros; y la arquitectura según medidas perfectamente geométricas.)
La realización más evidente de esta relación entre Apolo y Dionisos en el espíritu griego es la Tragedia (fundamentalmente la de Sófocles). En las representaciones teatrales se mezclan de manera evidente ambas tendencias: los personajes de la escena expresan de forma clara el espíritu apolíneo mientras que en el coro y en la música queda reflejado el modo dionisiaco. Las Tragedias griegas son la expresión de un héroe, fuerte y vital, que se ve arrastrado por las fuerzas vitales, ciegas e irracionales, pero esto no le hace negar la vida, sino afirmarla, aceptar trágicamente su destino.
Nietzsche ve en la aparición de Eurípides y fundamentalmente en la aparición de Sócrates una descompensación de esta relación equilibrada entre lo apolíneo y lo dionisiaco. Eurípides intenta eliminar en la tragedia el elemento dionisiaco en favor de lo apolíneo y transforma las representaciones en fábulas morales. Los héroes dejan de aceptar sus destinos, dejando e ser trágicos para ser abiertamente morales, se arrepienten de sus malas conductas y vuelven al redil de la buena sociedad. Pero es Sócrates el más perturbador de esta situación: Sócrates introduce una idea en el espíritu griego que permanecerá en la cultura europea por siglos y que significa la verdadera decadencia: la vida se puede entender y dominar racionalmente. Después, es Platón, según Nietzsche quien eleva esta idea a su máxima potencia situando la realidad en el mundo ideal y haciéndonos creer que todo lo relativo al cambio, a la pasión, a la desmesura, a la creatividad es imperfecto y decadente, cuando a ojos del alemán es la teoría de las ideas platónica la que es decadente.
5. LA CRÍTICA DE LA MORAL: GENEALOGÍA DE LA MORAL.
Una de las críticas más demoledoras y profundas que hace Nietzsche es la que hace de la moralidad occidental, nacida precisamente de este impulso socrático-platónico. En la “Genealogía de la moral” Nietzsche investiga en los mecanismos psicológicos que están en el origen de los valores y, por tanto, de la moral. En esta investigación Nietzsche encuentra una idea muy original que va a tener una influencia decisiva en toda la filosofía posmoderna del siglo XX: la moral, y en especial la moralidad cristiana-occidental, es un falseamiento de la realidad orientado a dominar a los demás.
Para comprender vayamos a la situación que Nietzsche describe en su obra “Genealogía de la moral”. Nietzsche está hablando de la Grecia preclásica... ¿qué valores morales había en esta Grecia? Evidentemente los valores homéricos; el hombre fuerte, el hombre heroico es visto como un Aquiles o un Ulises: los dos son hombres fuertes, inteligentes que no rehuyen el combate y que se muestran orgullosos de su fuerza y de su estirpe. Si un griego se preguntase “¿qué es lo bueno?”, ¿Qué respondería?, seguramente le vendrían a la cabeza las figuras de Ulises y de Aquiles, se acordaría de los últimos ganadores de la Olimpiada o del gran rey Agamenón de Micenas: lo bueno corresponde entonces con lo fuerte y noble. Esta moralidad la denomina Nietzsche moral de señores o moral aristocrática. Esta moral es una moral que afirma la vida; la vida como hemos dicho, es fortaleza, es creatividad, es desmesura. Y los héroes griegos expresan precisamente esto: fuerza, creatividad, tensión... pasión. Y lo hacen desde el sentimiento de su propia auto-afirmación. Los mismos juegos olímpicos son un ejemplo de esta moral: el ganador se enseñorea, muestra a todos su potencia y su fortaleza, se impone a través de su exuberancia y creatividad.
Sin embargo esta situación se ve trastocada con la aparición de Sócrates. Sócrates es, según Nietzsche, un hombre débil y resentido; no puede competir con los grandes hombres que lo aventajan en todo, son más creativos, más fuertes, más nobles, más valientes. Sócrates, consciente de su debilidad y desde un resentimiento va a elaborar toda una ser de mentiras destinadas a que el fuerte y noble se avergüence de su fortaleza. Va a elaborar una moral que invierte los términos: si hasta entonces fuerte, generoso, noble, orgulloso, exuberante, creativo eran sinónimos de bien y débil, humilde, caritativo, manso, temeroso, eran sinónimos de mal.... a partir de la inversión socrática va a nacer una nueva moral: la moral de los esclavos. Nietzsche la llama así porque la considera toda una revolución de los esclavos (para él Sócrates es un esclavo). Esta moral procede de un resentimiento contra la fuerza, contra la salud, contra el amor a la vida y el instinto creador.
Con Sócrates, el gusto griego se corrompe en favor de la dialéctica: un gusto más noble es vencido: con la dialéctica, la plebe prepondera. Antes de Sócrates, en la buena sociedad se rechazaban los procedimientos dialécticos, considerados como inconvenientes y comprometedores. Se prevenía a la juventud contra ellos. Las cosas honestas, como los hombres honrados, no llevan sus razones tan al alcance de la mano. Es indecente mostrar así los cinco dedos. Las cosas susceptibles de demostración son las de menos valor, precisamente. Cuando la autoridad forma aun parte de las buenas costumbres, donde no se dan «motivos» sino que se ordena, el dialéctico hace el papel de payaso. La gente no lo toma en serio. Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio: ¿que es lo que sucedió entonces? El ocaso de los ídolos.
Según Nietzsche la moralidad occidental-cristiana nace con una voluntad de dominio por parte del débil hacia el fuerte. Ocurre que el débil tiene miedo de enfrentarse al fuerte con sus propias armas, las armas de la vitalidad ya que evidentemente perdería. Ahora bien, tiene una carta en su favor: la inteligencia. Los débiles son más inteligentes, simplemente porque necesitan serlo, es su única baza en la batalla por la vida. El noble siempre vio en la inteligencia un lujo, algo accesorio, cuya exhibición era considerada de mal gusto. Por el contrario algo de locura, un cierto atolondramiento, cuando había que lanzarse a la batalla contra el enemigo era signo de gallardía y distinción.
Los débiles, los resentidos crean una moral que tiene como objetivo invertir los términos y conseguir que el fuerte tenga “vergüenza” de usar su fortaleza. Para poder imponer esta moral, los débiles crean toda una serie de justificaciones metafísicas destinadas a hacer abdicar a los fuertes de su fortaleza. Estas construcciones metafísicas son fundamentalmente la teoría de las ideas de Platón, y, según Nietzsche, su versión popular: el cristianismo (platonismo para el pueblo)
De todas formas, no podemos entender la victoria total del cristianismo sobre la moral noble si no consideramos otro factor: el pueblo judío. A menudo se han destacado las diferencias entre los judíos y los cristianos, pero según Nietzsche, esas diferencias se dan en un plano superficial, lo más destacable es precisamente lo contrario: la profunda afinidad y continuidad entre las dos religiones. Con Jesucristo, un judío, el judaísmo vencerá definitivamente. ¿A quién? A Roma, que por aquel entonces encarnaba los ideales aristocráticos, aquellos que emanaban de la forma noble de valorar. Cuando, con Constantino, el cristianismo se convierte en la religión oficial del imperio, este se corrompe irremediablemente.
El cristianismo y el cristiano siente pudor por cualquier impulso vital que hay en él: se avergüenza de su sensualidad y de su deseo y reprime su sexualidad por considerarla pecaminosa, se avergüenza de su fortaleza de la que no se enorgullece llamándola “soberbia” y tachándola también como pecadora, su debilidad le impide soportar la ausencia de sentido y busca constantemente excusas y razones en dios y en la vida ultraterrena: “si algo malo me ocurre es porque me porté mal y ahora Dios me castiga por ello”: no es capaz de aceptar las fuerzas ciegas de la naturaleza que lo zarandean de un lado a otro. El cristiano (y mucho más aún el judío), según Nietzsche renuncia al mundo material bajo la promesa de un mundo mejor (el mundo de las ideas, el cielo) y de esta forma está renunciando a sí mismo y a todo lo bueno que hay en él.
El cristianismo introduce, además, un concepto terrible que consolida la tergiversación de todos los valores: el concepto de culpa. La culpa es el sentimiento de mala conciencia que tiene el hombre por tener “impulsos vitales”. Esta mala conciencia hace que el hombre descargue contra sí mismo toda esta impulsividad y se autoagreda en lugar de utilizar toda esa fuerza en expresarse a través del arte (por ejemplo). Pues algo está claro para Nietzsche: en todo cuanto esta vivo anida la voluntad de poder, de dominio. En los débiles también. Y si la voluntad de dominio no puede manifestarse exterior y saludablemente se vuelve contra uno mismo: el cristiano se siente culpable cuando cede a sus instintos, cuando responde de forma agresiva ante una ofensa... y vuelca toda su fuerza, toda la voluntad contra él mismo. Pensemos en la penitencia, el remordimiento, en la huida al desierto, en el ideal ascético, en la santidad, en el martirio... ¿qué es todo ello sino una violenta descarga de la voluntad contra uno mismo? La voluntad de poder no se atenúa sino que se vuelve algo sucio, enfermizo; como no puede descargarse hacia fuera, se descarga hacia dentro.
La crítica de Nietzsche a la moral se resume en una idea: la moral occidental ha cambiado lo bueno por lo malo: lo bueno es la fuerza, la salud, los instintos, el orgullo, la creatividad, la voluntad de poder. Lo malo es la mansedumbre, le debilidad, el conformismo, la pasividad, la sumisión, la humildad. Sin embargo la moral occidental ha invertido los términos logrando que el hombre “bueno”, sea el humilde, el manso y el que se conforma con lo que tiene.
Esta es la crítica fundamental por tanto de Nietzsche a la moral occidental y al cristianismo en general: es una moral de la debilidad y de la enfermedad: VA EN CONTRA DE LA VIDA.
6. LA CRÍTICA AL CRISTIANISMO: EL ANTICRISTO.
En su “Zarathustra” Nietzsche escribe:
“Me dan pena esos sacerdotes, me parecen prisioneros y marcados. Aquel a quién llaman redentor les cargó de cepos. ¡De cepos formados por falsos valores y palabras enloquecidas! ¡Ah si alguien pudiese redimirles de su redentor!”
Esta es justamente la finalidad que Nietzsche quiere lograr al escribir su “Anticristo”: redimir a los cristianos de su pesada losa. Para Nietzsche el cristianismo es una enfermedad ya que a lo que conduce es a hacer que el hombre renuncie a su verdadera naturaleza, a sus instintos. El cristianismo considera como pecado y como nocivo precisamente todos los placeres y valores apegados a lo terrenal. Considera pecado todo lo relacionado con una vida vigorosa y elige como ideal humano la mansedumbre, la obediencia, el ser un buen “borrego”. De hecho el cristianismo hace un tratamiento de “cordero” del ser humano, cordero que debe caminar según el sendero que le marca el pastor, es decir, el sacerdote.
A pesar de esto, Nietzsche está cautivado por la figura de Jesucristo al que diferencia de “los cristianos”. De él dice que “es el hombre más noble”. Según Nietzsche los cristianos traicionaron la verdadera enseñanza de Jesús; éste nos mostró cómo hay que vivir:
“Lo que dejó en herencia a los hombres fue la práctica de la vida: su comportamiento ante los jueces, los esbirros, los acusadores, y ante toda la clase de calumnias y de escarnios, su comportamiento en la cruz (...) Las palabras dirigidas al ladrón en la cruz muestran el verdadero sentido del evangelio”.
Cristo fue, para Nietzsche un espíritu libre que vino a enseñarles a los hombres valores elevados dignos de una moral aristocrática. Cristo viene a enseñar a vivir una vida arriesgada, a no tener por juez más que a uno mismo, a pasar por encima de los mercaderes del templo o del emperador de Roma cuando la voluntad lo exige. Cristo no se arrepiente de su vida ni siquiera cuando, frente a la muerte, puede elegir la debilidad, las excusas, pedir perdón, retractarse de lo dicho... él sigue adelante aún cuando el premio por su vida arriesgada es la muerte.
Sin embargo, esta enseñanza queda trastocada en la interpretación que Pablo hace de Jesús. El cristianismo es un invento de San Pablo. Pablo, heredero de todos los resentidos y heredero de la moral de esclavos cambia su mensaje convenciendo a los cristianos de que es un mensaje de paz, de mansedumbre, de sumisión. Sin embargo no hay sumisión en las palabras de Jesús a los mercaderes del templo, ni ante Herodes o Pilatos: hay valentía heroicidad, arrojo, afirmación de sí mismo.
Durante el Renacimiento el cristianismo hizo un intento de recuperar el verdadero sentido de la enseñanza cristiana, tratando de hacer triunfar los valores aristocráticos y los nobles instintos. Estamos justamente en una época en que la iglesia se hace creadora, artista (la época de Cesar Borgia).
Sin embargo pronto apareció Lutero quién, en palabras de Nietzsche, llevaba consigo todos los instintos de sacerdote fracasado e indignado porque en la sede papal no encontró la humildad cristiana, sino un gusto refinado por el arte y una vida terrenal, es decir, vital. Lutero entonces volvió a restaurar la iglesia resentida, la peor de todas, la iglesia protestante. El credo protestante es el más puritano de todas las iglesias cristianas, aquel que más desprecia la vida y todo lo que le es propio. Nietzsche lo sabe bien: su padre era pastor luterano y sus abuelos también. Su madre le insta a seguir los pasos de la familia, pero la opinión de Nietzsche respecto a Lutero no puede ser peor:
“Un monje alemán, Lutero, llegó a Roma. Este monje, que llevaba en su pecho todos los instintos de venganza de un sacerdote fracasado, se indignó en Roma contra el Renacimiento (...). Lutero vio la corrupción del papado, mientras que se podía tocar con las manos exactamente lo contrario: ¡en la sede papal ya no estaba la antigua corrupción, el peccatum originale, el cristianismo! ¡Estaba la vida! ¡El triunfo de la vida! ¡El gran sí a todas las cosas elevadas, hermosas y arriesgadas!... y Lutero volvió a restaurar la iglesia (...) ¡Ah, estos alemanes cuánto nos han costado!”
Las razones por las que Nietzsche condena el cristianismo se resumen en una sola: el cristianismo convierte lo valioso en pecado, y lo que no vale nada en un valor supremo. Es una religión de débiles y enfermos resentidos.
7. EL GRAN ENGAÑO DE LA GRAMÁTICA: SOBRE VERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO
EXTRAMORAL.
La tergiversación de la cultura fuerte y sana que representaba el mundo griego presocrático pudo ser pervertido y tergiversado gracias al lenguaje. Nietzsche considera que el lenguaje por su propia naturaleza es mentiroso. Esta es la razón por la que sus escritos no están hechos de la forma tradicional, con un lenguaje científico, sino que se presentan oscuros, llenos de metáforas y con un marcado tono poético: Nietzsche quiere escapar del falseamiento que el lenguaje hace de toda la realidad.
¿Cuál es esta tergiversación? ¿Cuál es la mentira del lenguaje? El lenguaje está formado por palabras, palabras que expresan conceptos. Siempre hemos creído que mediante las palabras somos capaces de expresar la realidad. Pero es precisamente esto lo que resulta completamente imposible. Fijémonos en la estructura de los conceptos (expresados en las palabras). Por ejemplo, el concepto “hoja”. Mediante esta palabra pensamos que representamos a todas las hojas del mundo ya que mediante ella podemos referirnos a cualquiera de ellas. Y sin embargo esta operación es mentirosa: el concepto “hoja” se refiere a realidades que en el lenguaje resultan iguales pero que en la realidad cada una de ellas es absolutamente individual y distinta y, además en constante cambio. La realidad es variedad infinita, creatividad, constante cambio y el lenguaje, sin embargo, es estático y finito. El lenguaje es, sencillamente un instrumento precario, insuficiente e inadecuado para expresar la realidad.
Sin embargo los filósofos, y en especial Platón, se olvidaron del carácter meramente instrumental de los conceptos y de su precariedad y los elevó a lo más real, las ideas del mundo ideal. El mundo es constante devenir y variedad infinita y sin embargo Platón lo falsea, inventa un mundo estático y finito y nos convence que es más real que la realidad misma. De esta forma no solamente se inventa un nuevo lenguaje, sino que se instaura un discurso hegemónico, el discurso verdadero, en contraposición al cual otros discursos, como mitos, fábulas, relatos… son considerados bellos, interesantes, sugerentes, paradójicos, estimulantes… pero no verdaderos. El cristianismo recibe la herencia platónica y acentúa las diferencias entre el “discurso verdadero” y otros relatos que no lo son. Con ello se pierde de vista un modo de estar en el mundo que había sido común en la Grecia antigua: el perspectivismo. El perspectivismo es el hecho de que la realidad puede ser entendida y explicada desde muchos puntos de vista, podríamos decir que infinitos puntos de vista ya que la vida tiene mil caras, es multiforme e inagotable.
La sociedad griega era una sociedad perspectivista y por esta razón Nietzsche la valoraba más que la sociedad europea cristiana: los griegos tenían muchos dioses, cada uno mostraba un aspecto esencial del mundo, pero ni limitaba ni obstaculizaba los demás. El resultado es la multiformidad, la incoherencia y la variedad de los mitos griegos. A esto debemos añadir el que en Grecia no existía una casta sacerdotal que velara por la “corrección” de la interpretación. Por el contrario, la sociedad cristiana es monoteísta y, por lo tanto, monolítica: hay una única interpretación correcta, todo lo demás es falso y rechazable. En el caso del protestantismo la situación es si cabe peor: simplemente no hay interpretación, las escrituras se toman al pie de la letra. La superioridad de la religión griega no le viene de que sea más verdadera. En general, debemos dejar de valorar los discursos en términos de verdad o falsedad, la religión griega es mejor porque potencia los instintos vitales.
Podemos decir, a pesar de que en sentido estricto no existe “el discurso verdadero” o “la perspectiva correcta”, que no todos los modos de hablar son iguales. De entre todos los lenguajes el poético es el menos falseador y el discurso filosófico-científico el más mentiroso de todos. Por una razón el lenguaje no trata de aprisionar la realidad, no trata de erigirse como “verdad”. Los filósofos y científicos (Nietzsche está pensando en Platón) inventan los valores de “verdad” y “mentira” para atribuirle valor a las cosas. La verdad sería aquello que se sustrae del cambio, que es así de manera universal, permanente y necesaria, aquello que no puede no ser. Ningún científico y ningún filósofo aceptaría por verdad algo que ahora es de una forma y al instante siguiente es lo contrario. Y sin embargo como ya ha afirmado Nietzsche, en la realidad no existe nada que se sustraiga al cambio constante; en esto coincide con el “panta rei” de Heráclito. Por tanto, para poder hablar de “verdad” y “mentira” los filósofos y los científicos se ven obligados a inventar un mundo falso, un mundo ideal de realidades ideales: esto es precisamente el mundo de las ideas de Platón, el Yo matemático de Descartes, las leyes universales de la gravitación universal de Newton, el sujeto trascendental Kantiano. Todos ellos elevan el lenguaje de los conceptos a rango de “realidad verdadera” y al hacerlo inventan la mentira más grande jamás contada. Los discursos científicos, matemáticos, morales, filosóficos no son más que ficciones de la razón. La esencia de la verdad, dice Nietzsche, es la mentira. Una mentira, en este caso extramoral, es decir no consciente e involuntaria, que descansa en la ilusión de suponer que nuestro lenguaje, nuestro conocimiento, refiere directamente las cosas.
Los conceptos no sirven para captar la vida ya que la uniformizan y la congelan. Sin embargo la poesía no utiliza conceptos, palabras con un significado cerrado y definido, palabras que, como hemos visto, falsean la realidad. La poesía utiliza METÁFORAS. La metáfora tampoco es capaz de expresar la vida en su plenitud, en su variedad y su cambio, pero puede acercarse mucho. La metáfora poética puede mostrarnos las múltiples perspectivas de la realidad porque no está cerrada, definida como el concepto, sino que está siempre abierta a nuevas interpretaciones. La metáfora no se basa en ninguna causalidad lógica, no pretende ser objetiva, no pretende ser verdadera como el discurso lógico y científico.
Cuando el poeta afirma...
La vida rompe moldes, funda esquemas
De barrotes o alas,
De cenizas o incendio
Pero siempre nutridos de memoria.
En ella somos barro
Moldeado a dentelladas, hambre de convicciones entrevistas.
Y en la contradicción
Sustentamos, tal vez, la marchita tristeza.
...no trata de erigirse como la verdad de lo que hay sino que se erige como el intento de un hombre por elevarse por encima de sí mismo y permite siempre una nueva perspectiva. Sin embargo el discurso lógico de la ciencia y la filosofía quiere convertirse en el único discurso, en la verdad absoluta de las cosas. Es en esta pretensión cuando falsea decididamente las cosas.
Por esta razón las obras de Nietzsche, no tienen un esquema convencional ni utilizan un lenguaje científico. Muchas obras son colecciones de aforismos o de párrafos desconectados y en ocasiones son obras con un marcado carácter poético (por ejemplo su Zarathustra).
La crítica de Nietzsche del lenguaje se resume en una idea: el lenguaje es mentiroso porque congela una realidad que es puro cambio
8. EL ANUNCIO DE LA MUERTE DE DIOS: EL NIHILISMO
En la tradición occidental y especialmente en la tradición cristiana Dios ha representado el origen, el destino y el sentido del mundo humano. Los europeos han puesto en la idea de Dios todo el sentido de sus existencias, la explicación de su origen y su destino final. Dios ha pasado a ser el fundamento de todo (esto se pone de manifiesto en filosofías como puede ser la de Descartes, por ejemplo).
Dios es, según Nietzsche, la expresión máxima de la decadencia occidental. Es el símbolo máximo del desprecio por el mundo terrenal: Dios es, para los cristianos y los judíos el valor máximo, pero colocan el valor máximo fuera del mundo real porque desprecian la vida y todo lo real.
Sin embargo la idea de dios ya no está vigente: los hombres ya no creen en Dios. La historia de occidente es la historia de una degeneración, de una progresiva decadencia, decadencia que según Nietzsche con la ilustración llega a su máxima expresión. Los ilustrados elevan la ciencia y la razón al rango que antes ocupaba Dios, prescinden e él, se hacen ateos. Al respecto podemos tomar como ejemplo la famosa frase del científico ilustrado Laplace quien, al ser preguntado por qué lugar ocupaba Dios en el sistema newtoniano del mundo responde “Dios es una hipótesis que no es necesario ser considerada”. Con la Ilustración acaece por tanto la muerte de Dios. “Dios ha muerto” anuncia Nietzsche en la Gaya ciencia, “los hombres lo han matado”:
No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: “¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!”. Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? - así gritaban y reían alborozadamente. El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. “¿Qué a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir. Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos su asesino. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar? ¿Quién nos prestó la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hicimos cuando desencadenamos la tierra de su sol? ¿Hacia dónde caminará ahora? ¿Hacia dónde iremos nosotros? (....)
Nunca hubo un acto tan grande y quien nazca después de nosotros formará parte, por mor de ese acto, de una historia más elevada que todas las historias que hubo nunca hasta ahora” Aquí, el loco se calló y volvió a mirar a su auditorio: también ellos callaban y lo miraban perplejos. Finalmente, arrojó su farol al suelo, de tal modo que se rompió en pedazos y se apagó. “Vengo demasiado pronto -dijo entonces-, todavía no ha llegado mi tiempo. Este enorme suceso todavía está en camino y no ha llegado hasta los oídos de los hombres. El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos. Este acto está todavía más lejos de ellos que las más lejanas estrellas y, sin embargo son ellos los que lo han cometido.” Todavía se cuenta que el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternan deo. Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: “¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?”.
¿Qué significa la muerte de Dios? Pues significa fundamentalmente el punto de máxima decadencia de la cultura occidental: el nihilismo.
Los intérpretes de Nietzsche acostumbran a distinguir entre un nihilismo pasivo y uno activo a fin de salvar la coherencia de los escritos. Sabemos que nuestro autor no era amante de la lógica y la coherencia, aun así podemos entender por nihilismo la total y completa ausencia de sentido (nihilismo pasivo); el hombre post-ilustrado, el hombre moderno, el hombre actual, vive sin hacerse preguntas, sin buscar respuestas; su vida no es diferente a la de una planta que realiza la fotosíntesis. Su vida es pura inercia, puro conformismo, pura decadencia. No cree en nada y no hay nada sagrado a lo que rendirle culto o admiración. Nietzsche parece estar anticipando a través del concepto de nihilismo a cierto hombre muy actual: el hombre-masa. El hombre que vive enchufado a un televisor, sin pensamientos propios, sin inquietudes, sin problemas y sin riesgos, un hombre que no cree en nada salvo en el breve futuro del fin de mes y de los números bancarios. Esta es la significación del nihilismo: no creer en nada y no tener ningún motivo para hacer de uno mismo algo elevado.
De todas formas en su obra fundamental “Así habló Zarathustra” podemos encontrar un uso distinto del mismo término. Anuncia Zarathustra que la humanidad en su devenir pasa por tres fases que pueden simbolizarse en tres imágenes: el camello, el león y el niño.
El camello es un animal de carga, es animal manso y dócil que puede llevar una pesada carga: religión, valores, metafísica, ideas, moral, penitencia... etc. La época de plenitud del cristianismo se corresponde con esta fase. La humanidad no pude soportar indefinidamente esta situación, es contra-natura, llegará un momento que , igual que un león, el hombre se manifestará en toda su fiereza y no habrá nada ni nadie capaz de contenerle, acabará con todo lo que hasta entonces se había tenido por seguro y sagrado. Es el momento de la filosofía del martillo: “para levantar un templo, hay que destruir un templo” Es el momento del nihilismo, pero ya no estamos hablando de una voluntad de nada, de un sentimiento decadente; no, ahora se trata de un instinto, una voluntad de vida, que arrasará cuanto se le oponga (nihilismo activo). Es el momento del último hombre aquel que anuncia el advenimiento de una nueva era. Finalmente llegará el momento del niño (del superhombre) caracterizado por la libertad, el juego y la creatividad: Es preciso construir un nuevo mundo, una nueva cultura y el punto de partida es el de la inocencia y alegría de un niño que no respeta ninguna regla impuesta desde el exterior: el juego genera de forma espontánea sus propias reglas, que en ningún caso hay que tomar demasiado en serio: siempre pueden ser cambiadas por otras más divertidas o emocionantes ( pero no más justas o verdaderas)
9. LA VOLUNTAD DE PODER.
Con la muerte de Dios se acaba el gran error histórico que había hecho renegar al hombre de sus impulsos vitales más propios y del mundo terrenal imperfecto y cambiante en favor de un mundo ideal eterno, inmutable y perfecto. Esta muerte se traduce en un hecho incontestable: por todas partes surgen hombres y discursos diferentes. Los hombres, muerto dios, se buscan por todas partes nuevos ídolos: el estado, la ciencia, la raza, la justicia social... etc. Con la muerte de Dios, se abre la veda para que cualquiera pueda hablar, cualquiera pueda arrojar su interpretación más o menos audaz sobre la realidad. Una consecuencia positiva de la decadencia de occidente es el regreso del perspectivismo: de nuevo, como en la Grecia antigua, no hay un discurso dominante sino una pluralidad de discursos y teorías que compiten entre sí por captar la atención y el asentimiento de los hombres.
No es DIOS por tanto quién justifica los discursos y las teorías de los hombres sino la voluntad de poder de estos hombres mismos. Cada hombre lucha por imponerse, por hacer que su palabra, que su creación, que su voluntad prevalezca. La voluntad de poder es la voluntad de dominio que anima a todo ser vivo. Las plantas compiten entre ellas por alcanzar la luz del sol, las crías de un nidada por el alimento y la atención de su madre, los machos de una manada de ciervos por alcanzar una posición dominante, las hembras de la misma manada por captar la atención del macho...El hombre sano busca imponerse, busca hacer de sí mismo algo elevado que prevalezca y lo hace porque está vivo y este es el sentido de la vida: imponerse. Pero este es un juego trágico, porque lo que se convierte en una victoria, un poco más tarde se transforma en derrota: esta es la dialéctica de la vida, y por tanto ser fuerte y vital significa aceptar el juego, aceptar la tragedia y no rehuir el combate (pese a que el resultado sea siempre perder).
Ahora bien ¿quién está dispuesto a hacer de sí mismo lo máximo? ¿Quién se atreverá a arriesgar la vida entera por afirmarse y por elevarse por encima de los demás? Y lo que es más hiriente ¿quién está dispuesto a esto sabiendo que va a fracasar? Solo uno está dispuesto: el superhombre.
10 EL SUPERHOMBRE: EL ETERNO RETORNO Y EL SENTIDO DE LA TIERRA.
No todo en Nietzsche es crítica. Buena parte de su filosofía consiste en socavar los cimientos de la cultura occidental (la moral, la ciencia, la filosofía, el lenguaje... etc), pero el alemán también tiene una propuesta que hacer o si se quiere un anuncio, una presentación: el superhombre. El superhombre es el hombre que será capaz de volver a mirarle a la cara a la vida, que no se esconde en religiones o en filosofías de lo transmundano y que acepta jugar el juego que supone la vida. Así nos presenta Nietzsche al superhombre en el Zarathustra, uno de los textos más impactantes del alemán:
Cuando Zarathustra llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques, encontró reunida en el mercado una gran muchedumbre: pues estaba prometida la exhibición de un volatinero. Y Zaratustra habló así al pueblo: Yo os enseño el superhombre.
El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de esa gran marea, y retroceder al animal más bien que superar al hombre? ¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa. Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y aun ahora es el hombre más mono que cualquier mono.
Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas? ¡Mirad, yo os enseño el superhombre! El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra!
El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, - una cuerda sobre un abismo.
Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse.
La grandeza del hombre está en ser un puente v no una meta: lo que en el hombre se puede amar es ser un tránsito y un ocaso.
Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso, pues ellos son los que pasan al otro lado.
Yo amo a los grandes despreciadores, pues ellos son los grandes veneradores, y flechas del anhelo hacia la otra orilla.
Yo amo a quienes, para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas: sino que se sacrifican a la tierra para que ésta llegue alguna vez a ser del superhombre.
(...)
Mirad, yo soy un anunciador del rayo y una pesada gota que cae de la nube: mas ese rayo se llama superhombre. –
¿Quién o qué es el superhombre? El superhombre es aquel que es capaz de aceptar la vida tal y como es: tanto en sus aspectos negativos y crueles como en lo que de maravilloso haya en ella. El superhombre es, por tanto, el SENTIDO DE LA TIERRA: el que es capaz de comprender la naturaleza última de la realidad y zambullirse en esta naturaleza.
Esta es la propuesta filosófica y vital de Nietzsche: la propuesta de un nuevo hombre: un hombre fuerte, vital, orgulloso de sí mismo, con poder y con voluntad de poder... ansioso de imponerse, de crecer, de exigirse lo máximo. Un hombre completamente contrario al hombre europeo del cristianismo: un hombre débil, sumiso, decadente, manso... etc.
Una de las metáforas más bellas en las que Nietzsche explica como debe ser este nuevo hombre es la metáfora del ETERNO RETORNO. Con esta idea Nietzsche ofrece una visión cíclica de la realidad: todo, hasta lo más mínimo está condenado a la repetición, el universo estará eternamente repitiendo las mismas cosas, los mismos sucesos, las mismas alegrías que he experimentado ya, estas mismas palabras que repito ahora, mis llantos y risas las repetiré eternamente. Mucho se ha discutido sobre la verdadera significación de la metáfora del eterno retorno. Algunos autores hablan de un sentido cosmológico: dicen que realmente Nietzsche defiende que el universo es cíclico. Otros, con los que más coincide este texto, hablan de que esta figura es una metáfora que Nietzsche utiliza para expresar el grado de amor y de aceptación que el superhombre tiene para la vida. Donde más claramente se ve esto es en “Gaya Ciencia”; allí se ve al protagonista al que un genio le dice al oído “¿estarías dispuesto a repetir la vida una y mil veces?” a lo que contesta “¿es esto la vida? Pues sea”
"Vamos a suponer que un cierto día o cierta noche un demonio se introdujera furtivamente en la soledad más profunda y te dijera: 'Esta vida, tal como tú la vives y la has vivido, tendrás que vivirla todavía otra vez y aun innumerables veces; y se te repetirá cada dolor, cada placer y cada pensamiento, cada suspiro y todo lo indeciblemente grande y pequeño de tu vida. Además, todo se repetirá en el mismo orden y sucesión... y hasta esta araña y este claro de luna entre los árboles y lo mismo este instante y yo mismo. El cierno reloj de arena de la existencia se le dará la vuelta siempre de nuevo, y tú con él, corpúsculo de polvo'. ¿No te echarías al suelo, rechinarías los dientes y maldecirías al demonio que así hablase? O puede que hayas tenido alguna vez la vivencia de un instante prodigioso en el que responderías: 'tú eres un dios y nunca oí nada más divino'. Si aquel pensamiento llegase a apoderarse de ti, te transformaría como tú eres y acaso te aplastaría. Se impondría como la carga más pesada en todo tu obrar la pregunta a cada cosa y a cada paso: '¿quieres que se repita esto otra -vez y aun innumerables veces?'. O ¿cómo tendrías tú que ser bueno para ti mismo y para la vida, no aspirando a nada más que a confirmar y sellar esto mismo eternamente?” (El gay saber).
El sentido que tiene esta metáfora es el siguiente: ¿quién de nosotros en el momento más terrible de nuestra existencia, aquel en que el dolor y el desánimo nos invade contestaríamos afirmativamente a esta pregunta? ¿Quién estaría dispuesto a repetir por siempre el dolor más profundo? Sólo el que esté dispuesto es el superhombre. Esta es la medida de amor a la vida. La vida no siempre es dulce y agradable; la vida implica sufrimiento, dolor, desesperación, crueldad, violencia... y ante estos hechos preferimos mirar hacia otra parte, refugiarnos en la creencia de un dios o en el sueño de que un día esto dejará de ser así (progreso)...pero al hacerlo nos engañamos, nos falseamos, huimos de lo que somos. El superhombre mira a la cara de la vida, siente miedo, pero sigue adelante. Este es el superhombre: el que ama el mundo y ama su existencia con todo lo que ella conlleva. Ese es la principal enseñanza de Zarathustra: “todo lo que ha sido, es fragmento, enigma, espantoso azar, hasta que la voluntad creadora añade: así quería que fuese, así quiero que sea, así querré que sea en un el futuro”.
Como vemos en estas últimas palabras, el superhombre no se queda únicamente en un aceptar la existencia; el hombre de Nietzsche no es un estoico que acepta todo lo terrible que le pueda ocurrir y lo sufre con paciencia, no. El hombre Nietzscheano es PURA VOLUNTAD DE PODER. Acepta que la vida es cambio cruel, una ciega lucha de poderes contrario, pero también quiere ser él parte de la vida, también quiere zambullirse en la vida y ser él pura voluntad de poder. El superhombre en el que piensa Nietzsche es, sin duda el ARTISTA que se comporta como la vida misma: es creación y variedad. Busca crear lo nuevo constantemente y que sea su palabra y su obra la que llegue lo más arriba posible.
Pero también es TRAGEDIA. Porque el que hace de su voluntad su destino, sabe que su destino es el de perecer. Por eso Nietzsche define al superhombre como TRÁNSITO Y OCASO. Tránsito en el sentido de que el superhombre nunca dice “hasta aquí he llegado” sino que es siempre un tránsito hacia algo mejor, es siempre exigencia personal, siempre voluntad de poder, siempre querer más. Pero es ocaso porque sabe que su destino es el ocaso, el crepúsculo, la muerte y que su voluntad se volverá ciega en el final. Sin embargo este destino no hace que le tiemblen las piernas sino que, desde su amor infinito a la vida, sigue adelante. El superhombre sabe qué es lo que apuesta a la hora de vivir: la vida. Y sabe también cuál será el resultado de su apuesta: perder. Por eso Nietzsche escribe que el superhombre es
“Un peligroso pasar al otro lado, un peligroso caminar, un peligroso mirar atrás, un peligroso estremecerse y pararse (...) lo que en el hombre se puede amar es ser un tránsito y un ocaso.
Y añade que éstos son
“Los que no saben vivir de otro modo que hundiéndose en su ocaso”
El superhombre es el “hombre del porvenir”. Incluso una buena traducción de la palabra alemana “ubermench” nos da ya la respuesta: la traducción correcta es la de ULTRAHOMBRE[3], es decir, el hombre que está “más allá”. El superhombre no es, por tanto, una realidad. Y por todos lados encontramos referencias en este sentido: “el hombre es la cuerda tendida entre el mono y el superhombre”, “el superhombre es una flecha lanzada al infinito”. El superhombre de Nietzsche no es una realidad, sino un horizonte, un destino, un porvenir. Y entendamos bien esto de por-venir: el superhombre debe ser siempre algo por llegar pero que nunca se hace patente, debe ser el intento de hacerse de cada hombre a sí mismo, desde su creatividad, su voluntad de poder y su fuerza, intento que, como hemos dicho se desfondará en el abismo.
No cabe, por tanto, interpretaciones del superhombre en el sentido de que Nietzsche esté hablando de una raza superior; mucho menos pensar que este hombre pueda ser el “ideal ario” que años más tarde va a triunfar en Alemania. El Superhombre de Nietzsche es aquello en pro de lo que debemos trabajar; si se quiere un NUEVO IDEAL. Pero un ideal que trabaja a favor de la vitalidad, de la fuerza y del amor a la vida. No un ideal que castra, imposibilita, amansa y corrompe la vida.
La mejor definición es sin duda la que da Nietzsche: EL SUPERHOMBRE ES EL SENTIDO DE LA TIERRA: tránsito y ocaso creación infinita y variedad infinita.
....un PORVENIR
.....un DESTINO
ANEXO II. COMENTARIO DE TEXTO
“Pero pensemos especialmente en la formación de los conceptos. Toda palabra se convierte de manera inmediata en concepto en tanto que justamente no ha de servir para la experiencia singular y completamente individualizada a la que debe su origen, por ejemplo, como recuerdo, sino que debe encajar al mismo tiempo con innumerables experiencias, por así decirlo, más o menos similares, jamás idénticas estrictamente hablando; en suma, con casos puramente diferentes. Todo concepto se forma por equiparación de casos no iguales. Del mismo modo que es cierto que una hoja no es igual a otra, también es cierto que el concepto hoja se ha formado al abandonar de manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas, con lo cual se suscita entonces la representación, como si en la naturaleza hubiese algo separado de las hojas que fuese la «hoja», una especie de arquetipo primigenio a partir del cual todas las hojas habrían sido tejidas, diseñadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas, pero, por manos tan torpes, que ningún ejemplar resultase ser correcto y fidedigno como copia fiel del arquetipo. Decimos que un hombre es «honesto». ¿Por qué ha obrado hoy tan honestamente? preguntamos. Nuestra respuesta suele ser así: a causa de su honestidad. ¡La honestidad! Esto significa a su vez: la hoja es la causa de las hojas. Ciertamente no sabemos nada en absoluto de una cualidad esencial denominada «honestidad», pero sí de una serie numerosa de acciones individuales, por lo tanto desemejantes, que igualamos olvidando las desemejanzas, y, entonces, las denominamos acciones honestas; al final formulamos a partir de ellas una qualitas occulta con el nombre de «honestidad». La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni conceptos, así como tampoco ningún tipo de géneros, sino solamente una que es para nosotros inaccesible e indefinible. También la oposición que hacemos entre individuo y especie es antropomórfica y no procede de la esencia de las cosas, aun cuando tampoco nos aventuramos a decir que no le corresponde: en efecto, sería una afirmación dogmática y, en cuanto tal, tan indemostrable como su contraria.”
F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral
I. Cuestiones
1. Explique el/la alumno/a el significado de los términos: «concepto» y «arquetipo primigenio».
2. ¿Por qué concluye Nietzsche afirmando que la oposición que hacemos entre «individuo» y «especie» es antropomórfica? ¿Por qué esa distinción ni puede afirmarse ni puede negarse?
I. Redacción:
El lenguaje como sistema de metáforas según Nietzsche.
ANEXO III. EXAMEN
“Del mismo modo que el astrólogo considera a las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y con su desgracia, así también un investigador tal considera que el mundo en su totalidad está ligado a los hombres; como el eco infinitamente repetido de un sonido original, el hombre; como la imagen multiplicada de un arquetipo, el hombre. Su procedimiento consiste en tomar al hombre como medida de todas las cosas; pero entonces parte del error de creer que tiene estas cosas ante sí de manera inmediata, como objetos puros. Por tanto, olvida que las metáforas intuitivas originales no son más que metáforas y las toma por las cosas mismas.
Sólo mediante el olvido de este mundo primitivo de metáforas, sólo mediante el endurecimiento y petrificación de un fogoso torrente primordial compuesto por una masa de imágenes que surgen de la capacidad originaria de la fantasía humana, sólo mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, en resumen: gracias solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma, seguridad y consecuencia; si pudiera salir, aunque sólo fuese un instante, fuera de los muros de esa creencia que lo tiene prisionero, se terminaría en el acto su "conciencia de sí mismo". Le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones del mundo es la correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir, con una medida de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la "percepción correcta" --es decir, la expresión adecuada de un objeto en el sujeto-- me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar alusivo, un traducir balbuciente a un lenguaje completamente extraño, para lo que, en todo caso, se necesita una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar.”
F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral
I. Cuestiones
- Analice el alumno el concepto de "hombre" como "medida de todas las cosas".
- Explique el alumno el razonamiento que conduce a Nietzsche a concluir: "la percepción correcta, es decir, con una medida de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la "percepción correcta" --es decir, la expresión adecuada de un objeto en el sujeto-- me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética"
I. Redacción:
La crítica de Nietzsche a la cultura occidental
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