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Teoría Marx

ANEXO I. TEORÍA

1. LAS FUENTES DEL PENSAMIENTO DE MARX.

1.1 Karl Marx (1818-1883) Vida

Nació en Tréveris, Alemania, en el seno de una familia judía. Estudió derecho en Bonn y en Berlín. Entró pronto en contacto con el grupo de los “jóvenes hegelianos de izquierda”. Estudió a fondo la filosofía de Hegel, por la que sintió a la vez admiración y rechazo. Por sus ideas radicales hubo de renunciar a la profesión universitaria. Se dedicó a propagar sus ideas en el periodismo, primero en Alemania, luego en París, sufriendo la persecución de la censura. En 1844 conoce en París a F. Engels, con quien mantuvo estrecha amistad durante toda su vida, colaborando con él en varias obras. También en París conoció los ambientes radicales socialistas y anarquistas. Expulsado de París a petición del gobierno prusiano por sus colaboraciones en la prensa obrera alemana, se marchó en 1845 a Bruselas. En 1847 fundó con Engels la Liga de los comunistas, cuyo programa político y filosófico fue establecido en el célebre “Manifiesto del Partido Comunista” (1848). En 1849 comienza su exilio en Londres, donde permanece hasta su muerte, manteniéndose con la ayuda económica de Engels. En Londres escribe sus obras fundamentales, entre las que destaca “El capital” (1876).

 

2.  LA IZQUIERDA HEGELIANA Y EL MATERIALISMO DE FEUERBACH.

 Se dice que sobre la obra de Marx coinciden tres influencias: la filosofía alemana (Hegel y la izquierda hegeliana), la economía política inglesa y  el socialismo utópico francés (se añade a veces la influencia del movimiento obrero)...

            La ambigüedad de la terminología de Hegel, y, lo que es más importante, del sentido de su filosofía, hizo posible que se interpretase de modos contrapuestos. Surgieron, a la muerte de Hegel, una derecha (de viejos hegelianos) y una izquierda (de jóvenes hegelianos).  Los viejos se atenían al contenido doctrinal del sistema, interpretando en sentido literal las expresiones más teológicas de Hegel (Espíritu Absoluto, la Idea Absoluta como el pensamiento de Dios antes de la creación, la interpretación de la Razón en la historia como Providencia) y destacando la apología del Estado prusiano con fines políticos reaccionarios. Los jóvenes hegelianos optaron, en cambio, por el método dialéctico, y contra el contenido doctrinal del sistema. VEÍAN EN EL MÉTODO UNA FILOSOFÍA ABIERTA, INACABADA, EN TRANCE DE SUPERARSE A SÍ MISMA, SEGÚN LAS EXIGENCIAS DE LA REALIDAD. Los jóvenes hegelianos reflejaban una nueva sensibilidad que se abría paso en el postromanticismo y que frente al Absoluto exalta al individuo, y frente al Espíritu, a la Naturaleza.

Lo que suscitó una mayor polémica entre los círculos hegelianos fue el asunto religioso, en el que Hegel había sido completamente ambiguo. Por un lado, Hegel había considerado que el contenido de la religión debía ser asumido por la filosofía y llevado al plano de los conceptos; por otro lado, había presentado su filosofía como la justificación especulativa de las realizaciones históricas de la Iglesia y del Estado. Los izquierdistas hegelianos se dedicaron principalmente a la crítica de la religión. El movimiento comienza con la obra “Vida de Jesús” (1835) de Strauss, que era una desmitificación del cristianismo y de la figura de Jesús.

  

2.1. Ludwig Feuerbach (18O4-1872)

            Es la figura más importante de la izquierda hegeliana, y también la menos integrada en el grupo.

            Es muy crítico contra Hegel: la filosofía hegeliana es una concepción idealista que deforma y violenta la realidad; es una teología enmascarada y racionalizada. La filosofía de Feuerbach, llamada por él “filosofía del porvenir”, pretendía ser una inversión total de Hegel. Frente a la tesis hegeliana de  la producción del mundo por el espíritu, Feuerbach sostiene que este último no es sino el nombre que designa el conjunto de los fenómenos históricos y, en último término, el nombre que designa el universo, esto es, la naturaleza, la cual es la realidad primaria. El hombre no es la lúcida autoconciencia que, pintara Hegel, sino un ser natural, y, como tal, sensible, ligado por los sentimientos y los afectos a los otros seres humanos.

            Lo más conocido de  la filosofía de Feuerbach es su crítica de la religión. Según Feuerbach, el hombre, a diferencia de los animales, que sólo tienen conciencia de su ser singular, tiene conciencia de su especie. Esta conciencia es lo que Feuerbach llama “función de especie" o “ser genérico”. La conciencia religiosa es una realización histórica de esta función en la que el individuo aliena la conciencia de su especie en un ser imaginario (dios, o los dioses). Dios es un sujeto de atribución en el que el hombre proyecta los atributos, así como los anhelos y los deseos, que son en realidad los de la especie humana.  El hombre crea sus dioses a su imagen y semejanza. Las formas de la divinidad en cada una de las culturas y en cada uno de los hombres (en definitiva, lo que adoran) son signos de sus tendencias fundamentales. Pero justamente por ello, el contenido de las religiones no debe ser simplemente criticado, sino comprendido. La reducción de la teología (dios) a la antropología es la condición fundamental para la comprensión de la historia  y del hombre.

            Cuando se afirma “Dios es omnipotente”, en realidad se intuye que la especie humana es capaz de dominar a la naturaleza. Cuando se afirma “Dios es omnisciente”, se barrunta que la especie humana no encontrará barreras a su conocimiento. Cuando el cristiano afirma que Dios es amor, está intuyendo en realidad que el vínculo afectivo entre los hombres es lo más importante para estos. El cristianismo es para Feuerbach la religión más evolucionada, porque en la creencia que le caracteriza, a saber, que Dios se hace hombre, está a punto de descubrir la esencia de la religión: el hombre mismo. En el cristianismo ya no hay más Dios para el hombre que el hombre.

            Pues bien, la tarea de la filosofía para Feuerbach consiste en superar la alienación religiosa, devolviendo al hombre lo que es del hombre, con lo que la filosofía feuerbachiana se postula como un humanismo.

            La filosofía de Feuerbach, especialmente su crítica de la religión dogmática y su exaltación del hombre, alcanzó una repercusión extraordinaria. Los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx y Engels, se declararon entusiastas de Feuerbach. Después, como veremos, Marx encontrará motivos para considerarla insuficiente.

 

2.2. Noción de "ECONOMÍA POLÍTICA”-

            Tratamos ahora la segunda influencia sobre el pensamiento de Marx, la de la Economía política inglesa.

            Como doctrina con pretensión científica, la EP Surge en el siglo XVIII, sobre todo en la obra de Adam Smith (1723-179O). Los primeros impulsores de la ciencia económica postulan la existencia de un orden natural y justo de los fenómenos económicos, orden que se manifiesta allí donde éstos son abandonados a sí mismos. Basta con extender al máximo la libertad económica para que ese orden natural aparezca espontáneamente en la sociedad civil. Consiguientemente, la máxima fundamental de la política económica debe ser la de dejarla caminar por sí misma: "laissez faire" (dejar hacer) fue el lema que los economistas burgueses del siglo XVIII opusieron a todos los obstáculos del ordenamiento -todavía en parte medieval en esta época- de las actividades económicas. Según esta doctrina, los hombres, empujados por el egoísmo natural, tienden a obrar conforme a su verdadero interés, y al hacerlo así no sólo realizan su beneficio privado sino también el bien público. El orden natural garantiza la coincidencia entre el interés particular y el general. La coincidencia de estos dos intereses es el principio clásico del liberalismo económico, del que adam smith enuncia las exigencias fundamentales. 1ª la negación de toda intervención económica del estado. Y 2ª el reconocimiento del mercado como la gran fuerza reguladora de los valores económicos.

 

2.3. Noción de “SOCIALISMO UTÓPICO”

            La tercera influencia es la del socialismo utópico, un fenómeno político del siglo XIX fundamentalmente francés.

            La expresión “socialismo utópico" fue introducida por Marx y Engels para caracterizar las doctrinas colectivistas de Fourier, Proudhon, Saint-Simon, Owen, etc, frente al socialismo de los propios Marx y Engels, que llaman "SOCIALISMO CIENTÍFICO”.  Estos últimos le reprochan al socialismo utópico lo que tiene de utópico: la falta de realismo político sobre la  base de un análisis científico de la realidad económica, la falta de un proyecto político capaz de conectar eficazmente con las fuerzas sociales. Le reprochan su carácter romántico  y voluntarista, sentimental y  abstracto, su invocación de conceptos vagos y grandilocuentes: el amor, la fraternidad, la justicia universal.

            Frente al socialismo utópico, el auténtico socialismo debe basarse, según Marx y Engels, en un conocimiento riguroso de la estructura socioeconómica. Es, por tanto, un "socialismo científico".

 

3.  LA CRÍTICA DE MARX A HEGEL Y FEUERBACH.

3.1. Crítica a Hegel 

            Para Marx, Hegel, como idealista, concibe el mundo al revés: el pensamiento (la lógica universal) en el lugar del ser, el espíritu en lugar de la naturaleza.  Las mixtificaciones que resultan del idealismo de Hegel son para Marx las siguientes:

            -Por lo que se refiere a la comprensión del hombre: el hombre es para Hegel autoconciencia. La historia del hombre es descrita por Hegel como una “fenomenología del Espíritu”. Para Marx, Hegel pinta así el retrato del hombre teórico, contemplativo, el cual es una herencia griega, es decir, la herencia de una sociedad esclavista en la que unos hombres trabajan y otros se entregan al ocio (recuérdese la teoría aristotélica que veía en la vida intelectual el ideal de vida para el hombre y en el ocio un requisito para esta vida).

         Frente a esta concepción del hombre, Marx define al hombre por su capacidad de transformación de la naturaleza, es decir, por la actividad del trabajo. El hombre es un ser natural y práctico que se constituye históricamente en su relación con la naturaleza.

         -Por lo que se refiere al Estado: la filosofía hegeliana de la historia  terminaba en una exaltación del presente y en una apología del Estado burgués. Para Marx, la existencia miserable del proletariado contradice la supuesta realización de la razón en la historia:

“El destino del proletariado no es la realización de las

potencialidades humanas, sino lo contrario... La realidad de

la razón, del derecho y de la libertad, se convierten entonces

en la realidad de la falsedad, la injusticia y la esclavitud" .

 

      - Por lo que se refiere al papel de la filosofía: Hegel había  dicho: "La filosofía llega siempre demasiado tarde. En tanto pensamiento del mundo, aparece sólo cuando la realidad ha cumplido y terminado su proceso de formación” La filosofía alza el vuelo al crepúsculo. Para Marx, la filosofía así entendida no es más que ideología, una justificación de lo existente. Marx propone la superación de la filosofía en la praxis:

                  “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos. De lo que se trata es de transformarlo”. (Tesis XI sobre Feuerbach, Marx)

 

3.2. Crítica a Feuerbach

        Marx profundiza la crítica de la alienación, iniciada en Feuerbach con la crítica de la alienación religiosa. Feuerbach se limitó a mostrar la escisión entre un mundo terrenal y un mundo celeste; se limitó a señalar la sístole religiosa y a defender la diástole humanista. Para Marx, hay que buscar la raíz de esta escisión en las relaciones sociales, las cuales dependen, a su vez, de las condiciones económicas de la vida. Marx veía en el concepto de “Género humano” de Feuerbach, una abstracción idealista, una “religión del hombre”. El hombre de Feuerbach carece de dimensión histórica.

Marx: Tesis IV sobre Feuerbach:

                  “Feuerbach parte del hecho de la autoalienación religiosa, del desdoblamiento del mundo en dos, uno religioso y otro terrenal. Su tarea consiste en reducir el mundo religioso a su fundamento terrenal. Pero el hecho de que el fundamento terrenal se separe de sí mismo y se afinque en las nubes como reino independiente tan sólo resulta explicable a partir del desgarrramiento interno de ese fundamento terrenal y de la  contradicción en que está respecto a sí mismo. Se hace, pues, necesario, no sólo comprenderlo en su propia contradicción,  sino revolucionarlo también prácticamente. Una vez que hayamos  descubierto  en la familia terrenal, por ejemplo, la clave para entender la familia sagrada, se hace necesario aniquilar a la primera teórica y prácticamente.

Marx: Tesis VI sobre Feuerbach:

                  “Feuerbach resuelve la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto, inherente a cada uno de los individuos. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales."

Marx: Tesis I sobre Feuerbach:

                “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluyendo  el de Feuerbach- es que sólo concibe el objeto (gegenstand), la realidad, la sensoriedad bajo la forma de objeto (objekt) o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, como práctica. De ahí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal.     Feuerbach quiere objetos sensibles, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la actividad humana como una actividad objetiva. Por eso en su obra “La esencia del Cristianismo” sólo considera la actitud teorética como la auténticamente humana, mientras que concibe y plasma la práctica sólo en su forma groseramente judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación "revolucionaria”, práctico-crítica.”

 

 

  4- LOS CONCEPTOS DE IDEOLOGÍA Y ALIENACIÓN. EL CONCEPTO MARXISTA DE LA DIALÉCTICA.

           El concepto de IDEOLOGÍA

         En toda la historia humana, las relaciones sociales más elementales y básicas, que son aquellas que los hombres contraen en la producción material de sus medios de vida y de su vida misma, engendran en las mentes de los hombres una reproducción ideal, inmaterial, en la que aquellas relaciones aparecen trasmutadas, sublimadas o enmascaradas. La función de la ideología consiste en justificar y preservar el orden social existente. Así como en el plano de las relaciones materiales el sistema cristaliza en la formación de una clase social dominante, propietaria de los medios de producción y de la riqueza social, del mismo modo, y como expresión y legitimación de aquel dominio, se constituye una ideología dominante:

                   “Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren el papel dominante a sus ideas”.

      Los mitos, las religiones, las ideas morales y políticas desempeñan esta función de enmascaramiento. Por ejemplo, el Estado y la sociedad producen la religión, que es una conciencia invertida del mundo. La inversión religiosa compensa mentalmente de lo defectuoso de la realidad; reconstruye en la mente una solución coherente que está más allá del mundo real, para disimular las contradicciones del mismo. Igualmente, en la sociedad burguesa la ideología dominante de la libertad y de la igualdad encubre las relaciones de dominio y las desigualdades sociales.  

   Los supuestos de la noción marxista de “ideología” son:

1.      Que la realidad (y fundamentalmente el orden económico) determina a la conciencia y no al revés (como cree el idealismo). Este supuesto es el del determinismo económico.

2.      Que la conciencia es históricamente “falsa conciencia” o “conciencia invertida", pues lo que se presenta en ella como un mundo objetivo o verdadero, no es más que lo que conviene a los intereses de la clase social dominante. Esta tesis es la de la lucha de clases, llevada al orden de las ideas y creencias.

      A la ideología se oponen en el pensamiento de Marx la ciencia (el descubrimiento científico de las verdaderas relaciones sociales) y la conciencia de clase, es decir, la toma de conciencia en las clases dominadas de la existencia de una opresión ideológica.

      La ciencia sola no bastaría contra la ideología, porque la relación entre ideas ideológicas e ideas no ideológicas no equivale a la relación general entre error y verdad. Las distorsiones ideológicas no pueden ser superadas sencillamente mediante la crítica; sólo pueden desaparecer cuando las contradicciones sociales que las producen pueden resolverse en la práctica.

 

       El concepto de ALIENACIÓN:

       El tema de la alienación procedía de Hegel, quien había descrito la realidad como el proceso en el que la Idea se aliena en la naturaleza, objetivándose en las cosas, y en el que la Idea sólo supera su alienación volviendo a sí como Espíritu en la autoconciencia. Para Hegel, por tanto, toda objetivación es alienación. (Después de Hegel debe tratarse aquí la alienación en Feuerbach, tal como la hemos expuesto anteriormente).                                                                        

       El concepto de alienación es adoptado por Marx sobre todo en sus escritos juveniles (En los “Manuscritos de economía y Filosofía”) para describir la situación del trabajador en el régimen capitalista. Según Marx, Hegel ha cometido el error de confundir la objetivación, que es el proceso por el que el hombre se convierte en cosa, esto es, se expresa o se exterioriza en la naturaleza por medio del trabajo, con la alienación, que es el proceso por el que el hombre resulta extraño a sí mismo hasta el punto de no reconocerse. Para Marx, que concibe al hombre como un ser esencialmente objetivo, objetivación y alienación no pueden identificarse; el ser propio del hombre debe encontrarse en el orden material, y si de hecho el hombre se encuentra alienado, ello se debe a una determinada situación histórica, la cual ha de ser superada históricamente.

      Siendo, como ya hemos dicho, la característica esencial del hombre su relación con la naturaleza mediante el trabajo, la alienación de la misma será la alienación más fundamental que el hombre pueda sufrir y la base de las otras alienaciones humanas, la política, la ideológica, la religiosa.

      La alienación fundamental para Marx es la del trabajador en la sociedad capitalista. El trabajo debería ser el ámbito de la realización del hombre como hombre, pero en la realidad, en las condiciones del trabajo asalariado, sucede todo lo contrario.

   La alienación en el trabajo tiene estas cuatro dimensiones:

  1. La alienación del trabajador con respecto al producto de su trabajo. El producto es la objetivación de su trabajo, pero al convertirse en mercancía  propiedad del capitalista, el producto aparece ante el trabajador "como un ser extraño, como un poder independiente".
  2. Con respecto a su propia actividad. El trabajo, la actividad propiamente humana, se convierte en el régimen de explotación capitalista en una actividad embrutecedora que destruye la personalidad del trabajador.
  3. Con respecto a la naturaleza. La naturaleza, en lugar de ser el “cuerpo inorgánico” del hombre, le aparece al trabajador como algo ajeno, como propiedad de otro.
  4. Con respecto a los otros hombres. Las relaciones entre los hombres aparecen determinadas por el lugar que ocupan en el sistema de producción.

            Sobre esta alienación económica se levantan la alienación política, es decir, la apropiación de las instituciones estatales -que deberían ser instrumentos para el bien de toda la sociedad- por la clase que ejerce el dominio económico, y la alienación ideológica, que justifica en las cabezas de los hombres su situación alienada.

            Pues bien, para Marx el modo de superación de la alienación consistirá en la revolución de las condiciones del trabajo enajenado mediante la supresión de la propiedad privada y de la sociedad de clases.

            Por último, hay que añadir que sobre este concepto de alienación - el más exitoso de la filosofía marxista- se ha desarrollado, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, un amplio debate, no sólo dentro del marxismo, sino también entre filósofos existencialistas, personalistas, entre psicoanalistas, sociólogos, escritores, etc.

            Hoy se sigue discutiendo si el hombre de la sociedad actual (si es que puede hablarse de un hombre típico producto de la misma) es un hombre alienado y conforme a qué idea del hombre el hombre real se halla alienado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

              Cuadro comparativo de la alienación en Hegel, Feuerbach y Marx:          

 

  HEGEL   

FEUERBACH

MARX

SUJETO ENAJENADO

   LA IDEA

EL HOMBRE

EL TRABAJADOR

ACTIVIDAD EN QUE

SE ENAJENA   

  la conciencia

   la conciencia

el trabajo

OBJETIVACIÓN                                                            

DEL SUJETO

En la naturaleza, historia, cultura

en Dios

en los productos  del trabajo (capital,         propiedad privada)

 

MODO DE SUPERACIÓN DE LA ENAJENACIÓN 

 

mediante el autoconocimiento de la Idea(Hegel escribiendo la  “Fenomenología”

mediante la crítica materialista de la religión

mediante la abolición

                 de la propiedad privada.  

                                                       

                                                                                                            

 

 

 

 

5. EL CONCEPTO MATERIALISTA DE LA DIALÉCTICA.

            Marx, como antes que él la izquierda hegeliana, reconoce a Hegel el valor del descubrimiento del método dialéctico, aunque le reprocha haber invertido la realidad, haber puesto el espíritu en lugar de la naturaleza, la conciencia y el pensamiento en lugar de la praxis y el trabajo; esto es, Marx le reprocha a Hegel su idealismo. El concepto marxista de la dialéctica es la desmixtificación de la dialéctica hegeliana, desmixtificación que no consiste en otra cosa que en sustituir el idealismo por el materialismo (económico). Las categorías de la dialéctica hegeliana se convierten en manos de Marx en categorías materialistas-economicistas.

       Así, las equivalencias entre la dialéctica hegeliana y la marxista serían las siguientes:

 

            Donde Hegel habla de:                               Marx habla de:

 

               Espíritu Absoluto                                       Naturaleza

 

  Autoconciencia                                       El hombre en su praxis-trabajo

 

Totalidad de las determinaciones               Totalidad de las relaciones de

del Espíritu (figuras de la conciencia)        producción (modos de producción)

 

Negatividad (antagonismos de aquellas      Negatividad (división del trabajo

figuras) (motor de la historia)                      y lucha de clases) (motor de la historia)

 

            Otro aspecto en que la dialéctica marxista tenía que distinguirse frente a la hegeliana -aparte de introducir categorías económicas - es su valoración del estado presente del proceso histórico, que, lejos de hallarse en el estadio definitivo bajo el Estado burgués, se encuentra para Marx en el capitalismo en un momento de máxima contradicción. De ahí el protagonismo en la dialéctica marxista de la categoría de negatividad (contradicción, entendida como lucha de clases). La dialéctica real no ha terminado, contra lo que sostiene Hegel en su apología del presente. (Recordemos que el proyecto marxista apuntaba a transformar la realidad).

  

 6. LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA: LA TEORÍA DEL VALOR Y EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA. TRABAJO Y RELACIONES DE PRODUCCIÓN.

     La crítica de Marx a la EP.:

       Marx aborda por primera vez la crítica de la economía política (CEP, en adelante en los "Manuscritos" (1844), una obra de juventud, borrador de un gran proyecto crítico del que sólo vería la luz en vida de Marx “El Capital” (1867). La tesis fundamental de los manuscritos es que las condiciones del trabajo asalariado en el capitalismo representan una alienación del trabajador como hombre. En este primer Marx la CEP. tiene el carácter de una denuncia a partir de un proyecto humanista de emancipación, desde el cual se reprocha a la EP. burguesa el ocultar la alienación del hombre en el sistema capitalista y el presentar este modo de producción  como necesario y acorde con la naturaleza del hombre. Marx mostró pronto su oposición  a aquella supuesta ciencia que, en su opinión, presenta las condiciones históricas del régimen capitalista como condiciones eternas, no explica el proceso histórico que las ha hecho nacer y trata las relaciones entre los hombres como relaciones entre cosas, ocultando la situación de explotación de unos hombres por otros.  Marx ve en la EP. burguesa una construcción ideológica que vela la dinámica histórica y la alienación radical del hombre en el sistema capitalista.

            Ahora bien, a medida que fue madurando, Marx fue tomando conciencia de que la crítica del sistema capitalista no podía sustentarse únicamente en una posición filosófica humanista y de que tal crítica tenía que expresarse en los propios términos de la economía política científica, es decir, formularse en los términos de una teoría económica. Esta convicción fue lo que hizo que Marx pasase del humanismo ético o filosófico de su juventud a la actitud científica de su madurez, y que el marxismo se convirtiera fundamentalmente en una teoría económica. Sin perder en ningún momento de vista el proyecto de transformación de la realidad y la teoría dialéctica de la relación entre teoría y praxis, Marx se centra en el estudio científico del capitalismo, para lo cual tenía que entrar a fondo en la Economía Política; y lo hará con la teoría del valor.

             No obstante, el marxismo no pretende ser una nueva escuela de economía política, sino una crítica de toda economía política “positivista”, entendiendo por tal toda economía política que parte de los "hechos" de la experiencia burguesa, en la que las relaciones entre los hombres toman la forma de relaciones entre cosas.

            Al introducir en el análisis al trabajador (y no solamente el trabajo abstracto como hace el capitalista en sus cuentas de resultados), Marx transforma la ciencia económica de una ciencia que trata de cosas (de mercancías, de su producción, de su intercambio) en una ciencia que trata  de relaciones entre seres humanos. Pasa de la apariencia (intercambio de cosas) a la esencia (relaciones humanas subyacentes a ese intercambio). A este fin, la doctrina marxista introduce las nociones que permiten poner en claro el momento específicamente humano del proceso económico: el trabajador, el fetichismo de la mercancía, la alienación del hombre, etc.

 

6.1. La teoría del valor

            En modos de producción anteriores al capitalismo (esclavismo, feudalismo) los mecanismos de explotación de los trabajadores son obvios. En cambio, en el capitalismo, donde los hombres son formalmente libres (en realidad el trabajador sólo es libre para vender su fuerza de trabajo) y donde la mercancía se cambia libremente en el mercado, la explicación del mecanismo de explotación es más compleja. Marx necesita construir una teoría de esta explotación en términos económicos y lo hace a partir de la teoría del valor-trabajo.

Diferencia entre valor de uso y valor de cambio.

En todo producto de trabajo se puede distinguir el valor de uso y el valor de cambio. El valor de uso refleja las características que hacen a un producto capaz de satisfacer necesidades humanas, sean éstas cualesquiera. El valor de cambio es lo que toda mercancía tiene en común con las otras mercancías y por el cual puede ser cambiada por cualquier otra.

            Marx intenta explicar el valor de cambio de la mercancía a partir de una cualidad objetiva de la misma y la encuentra en la cantidad de trabajo necesaria para su producción. Lo único que tienen en común todas las mercancías es que son productos del trabajo y esto es lo que hace posible que las mercancías sean intercambiables. El valor de cambio, expresado en dinero, depende de la cantidad de trabajo necesaria para producir la mercancía y no del valor de uso, el cual, si bien es una condición necesaria para que un producto entre en intercambio, no guarda ninguna relación sistemática con el valor de cambio.

            Pues bien, si el trabajo es la verdadera fuente del valor, el ejercicio de la fuerza de trabajo debería ser la única forma de adquirir un derecho sobre el producto del mismo, y si los capitalistas se apropian de una parte del valor generado, esa apropiación implica, por definición, una explotación de los trabajadores basada en una forma de coerción. Esta coerción consiste fundamentalmente en la propiedad privada de los medios de producción, sancionada por las instituciones del Estado, las cuales están al servicio del sistema de explotación. Los trabajadores se ven obligados para sobrevivir a vender su fuerza de trabajo como una mercancía. Lo que el capitalista paga por la fuerza de trabajo es lo que paga por cualquier otra mercancía en el mercado, es decir, el trabajo necesario para su reproducción, que en este caso consiste en el valor de los bienes de consumo que el trabajador requiere para su mantenimiento. El salario (el precio que el capitalista paga por la mercancía "trabajo") tiende a ser de subsistencia, lo justo para que el trabajador siga trabajando.

            La posición de fuerza de los capitalistas les permite obtener de la fuerza de trabajo adquirida una cantidad de trabajo que no retribuye: es la apropiación de la plusvalía. La supuesta productividad del capital consiste en su capacidad (coactiva) para obtener trabajo no retribuido. El beneficio capitalista tiene su origen, por tanto, en una expropiación del trabajo.

 

6.2. El fetichismo de la mercancía.

            En las apariencias, lo que llevamos dicho queda oculto por los fenómenos de los precios y los beneficios. La mercancía se presenta como si tuviera valor por sí misma, al margen del trabajo, un valor adquirido mágicamente en el mercado. En esto consiste el fetichismo de la mercancía, extendido en la sociedad capitalista, y cuya expresión más aguda se encuentra en la fórmula del dinero usurario D-D (dinero que produce dinero, la cual oculta por completo la fuente del valor, el trabajo). El capital, que no es otra cosa que tiempo de trabajo acumulado, se presenta como una fuente de riqueza.

 

6.3. Trabajo y relaciones de producción

            Marx consideró como su mayor contribución a la ciencia económica su análisis del proceso de trabajo en la sociedad capitalista. Al poner en primer plano este análisis Marx pretende introducir categorías específicamente humanas que permitan dar cuenta de la alienación y explotación del hombre, contra el ocultamiento que la economía política hace de las condiciones de vida reales de los trabajadores bajo el sistema económico.

 

 

Distinción entre trabajo y fuerza de trabajo

El trabajo es la actividad humana de transformación de la naturaleza. El desarrollo histórico del mismo es el motor de las transformaciones sociales. Como hemos visto en la teoría del valor, el trabajo es la verdadera fuente del valor de cambio de las mercancías. La fuerza de trabajo es la alienación del trabajo humano en mercancía. El capitalismo trata al trabajador como una mercancía más. Al venderse como una mercancía, el trabajador aliena su trabajo (y el valor que produce) y realiza su valor de cambio (al precio de lo que cuesta su subsistencia). Al alienar su trabajo, siendo que la esencia humana consiste en la actividad del trabajo, el trabajador se aliena a sí mismo. 

Distinción entre trabajo concreto o personal y trabajo abstracto o social

Este último es el trabajo socialmente necesario para producir una mercancía en condiciones normales (medias), según el desarrollo de las fuerzas y medios de producción. La competencia de las mercancías en el mercado hace que las condiciones del trabajo concreto tiendan a igualarse con el trabajo abstracto.

            A este punto hay que notar que es mediante el desarrollo histórico del trabajo como el hombre se realiza como ser genérico o social. Esta noción de “ser genérico” procede de Feuerbach, para quien (como vimos en 10.2) el hombre, a diferencia de los animales, realiza una función de especie en la conciencia de sí. Para Marx, que el hombre posea un "ser genérico” no depende de su conciencia, sino del trabajo. Es el trabajo lo que hace que el hombre no esté reducido a su singularidad y que, en la producción de un mundo de objetos intercambiables, realice un ser genérico o universal, el cual no es otro que el mismo mundo de relaciones sociales derivado de las condiciones económicas. En el sistema capitalista, que tiende a la universalización del mercado y por tanto a la igualación del trabajo concreto con el social, la socialización del trabajo llega a su máximo. aunque al lado de esta socialización se conserva todavía la propiedad privada de los medios y de los productos de trabajo. Esta contradicción se resolverá con la instauración del comunismo, que, al abolir la propiedad privada, realiza el ser genérico del hombre y reconcilia la vida individual con la social.

 

 7. EL CONCEPTO MATERIALISTA DE LA HISTORIA.

            La filosofía de Marx se conoce también como “materialismo histórico”. El adjetivo “histórico” distingue el materialismo de Marx de los materialismos anteriores, los cuales, incluido el de Feuerbach, no alcanzan, según Marx, a explicar el ser del hombre en lo esencial, que es su carácter práctico, la actividad de transformación de la naturaleza, el trabajo.

            De la definición del hombre por aquella actividad derivan las tesis básicas del materialismo histórico, que exponemos a continuación. 

            La historia de la humanidad consiste esencialmente en las diversas formas que adopta el trabajo en su progresiva evolución. El desarrollo de la técnica es el aspecto básico del proceso, determinando las relaciones que los hombres establecen entre sí, llamadas relaciones sociales de producción. En la producción social de su existencia los hombres entran en determinadas relaciones, que corresponden a la división social propia   del estadio del desarrollo de las fuerzas productivas. Estas relaciones a su vez determinan los órdenes superiores de la sociedad: el sistema jurídico-político, las formas de conciencia, las ideologías, etc.

La historia es la historia de la lucha de clases, pero esta historia termina con la revolución comunista. El comunismo advendrá, según Marx, de modo inexorable, como consecuencia del capitalismo, que habrá de estallar por sus propias contradicciones. La sociedad burguesa capitalista crea las condiciones materiales que serán la base  para una forma superior de sociedad. El capitalismo, movido por el afán de beneficio y por la universalización del mercado, lleva al máximo el desarrollo de la producción y su socialización. Las contradicciones de clase se simplifican: la tendencia a la acumulación de capital en pocas manos (el hecho del monopolio: el grande se come al chico) destruye a las clases medias (la “pequeña burguesía”), y las clases se reducen a la ínfima (en número) de la “gran burguesía” y a la inmensa del proletariado. La sociedad capitalista es la más progresista en el aspecto productivo, pero también la menos igualitaria, ya que las igualdades proclamadas en ella son meramente formales. Aumentan a la vez la riqueza y la miseria, la racionalización y el caos. Las contradicciones internas agudizan las crisis periódicas de superproducción, que provocan guerras como modo de drenar la fuerza acumulada. Estas crisis internas y las propias fuerzas del proletariado espoleadas por la toma de conciencia (conciencia de clase) de su situación acarrearán la revolución comunista, según vaticinaba Marx.

 

7.1. Paso del capitalismo al comunismo

            Como vimos en su momento, Marx se opuso a lo que él llamaba “socialismo utópico”, es decir, a las primeras formas de colectivismo -ligado a los teóricos Saint-Simon, Fourier y Owen- que se dieron en el periodo comprendido entre las guerras napoleónicas y las revoluciones de 1848.

            Marx critica este socialismo utópico en le “Manifiesto comunista”. Se designó como utópico en el uso marxista del término  la actitud de imaginar la posibilidad de una transformación social total que supusiera la eliminación del individualismo, de la competencia y de la propiedad privada, sin el reconocimiento de la necesidad de la lucha de clases y del papel revolucionario del proletariado en la realización del proceso.

            El  paso  al comunismo habría de hacerse, según Marx, no a través de la creación de comunas obreras dentro del orden general, sino a través de la revolución proletaria, la toma por el proletariado del Estado burgués para destruir desde dentro los mecanismos de dominio de la gran burguesía. Es el primer momento de la revolución, la famosa “dictadura del proletariado”, que habría de dar lugar más tarde a la supresión del Estado como aparato político (para Marx el Estado es el instrumento político que la clase dominante utiliza para extender su dominio a toda la sociedad, de modo que se vuelve inútil cuando el que llega al poder es el proletariado, el cual no representa ningún interés de clase o unilateral, sino el interés universal del género humano, por lo mismo que el proletariado  es la humanidad entera (o casi) oprimida - este es el aspecto más débil de la teoría marxista: la identificación entre el proletario y toda la humanidad no se vio confirmada ni por la revolución comunista soviética, que prolongó indefinidamente la etapa de la dictadura del proletariado y se convirtió en una tiranía, ni por la evolución del capitalismo, que no eliminó las clases medias, sino, al contrario, las generalizó).

             Pero bien, según Marx, tras la dictadura del proletariado se suprime el Estado y se llega a la sociedad sin clases (¡como en vacaciones!). El comunismo, la socialización completa de los medios y productos del proceso productivo (recordemos que la propiedad privada era la gran contradicción del capitalismo), será ya la sociedad sin clases, sin explotación de unos hombres por otros. La transformación revolucionaria del proletariado rompe la cadena de los desfases entre fuerzas productivas y relaciones de producción, cuya armonía equivale en Marx a la sociedad perfecta.

 El poder sobre las personas será sustituido por la administración racional de las cosas y todas las alienaciones serán superadas (no habrá ideología):

 “En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”.

        K. Marx y F. Engels: “Manifiesto del partido comunista"

            Observemos, para finalizar, que la superación del capitalismo es resultado del desarrollo mismo de este modo de producción, pero la manera y el tiempo en que se produzca dependen en buena parte de la conciencia que los hombres tengan de su urgencia y de su necesidad (recordemos aquella frase de hegel: la libertad es la toma de conciencia de la necesidad).de hecho, marx tenía que admitir esta dependencia (la cual, contra aquella fórmula citada más arriba, supone que la conciencia, en este punto, determina al ser) para justificar su propia actividad revolucionaria. Marx es consciente de la importancia de la toma de conciencia del movimiento obrero para la superación de las contradicciones del sistema, y por tanto del papel que un descubrimiento científico (al fin y al cabo, la conciencia como distinguible del ser) de las mismas puede representar.

 

ANEXO II. COMENTARIO DE TEXTO

“La burguesía ha desempeñado un papel extremadamente revolucionario en la historia.

Dondequiera que llegó al poder, la burguesía destruyó todas las condiciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha desgarrado despiadadamente todos los abigarrados lazos feudales que ligaban a los hombres a sus superiores naturales, no dejando en pie, entre hombre y hombre, ningún otro vínculo que el interés desnudo, que el insensible «pago al contado». Ahogó el sagrado paroxismo del idealismo religioso, del entusiasmo caballeresco, del sentimentalismo pequeñoburgués, en las gélidas aguas del cálculo egoísta. Ha reducido la dignidad personal al valor de cambio, situando, en lugar de las incontables libertades estatuidas y bien conquistadas, una única desalmada libertad de comercio. En una palabra, ha sustituido la explotación disfrazada con ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y escueta.

La burguesía ha despojado de su aureola a todas las actividades que hasta el presente eran venerables y se contemplaban con piadoso respecto. Ha convertido en sus obreros asalariados al médico, al jurista, al cura, al poeta y al hombre de ciencia.

La burguesía ha arrancado a las relaciones familiares su velo emotivamente sentimental, reduciéndolas a meras relaciones dinerarias.

La burguesía ha desvelado que la brutal manifestación de fuerza que tanto admira la reacción en el Medioevo tenía su complemento apropiado en la más indolente holgazanería. Sólo ella ha demostrado qué puede producir la actividad de los hombres. Ha llevado a cabo obras maravillosas totalmente diferentes a las pirámides egipcias, los acueductos romanos y las catedrales góticas, ha realizado campañas completamente distintas de las migraciones de pueblos y de las cruzadas.

La burguesía no puede existir sin revolucionar permanentemente los instrumentos de producción, vale decir las relaciones de producción y, por ende, todas las relaciones sociales. En cambio, la conservación inalterada del antiguo modo de producción era la condición primordial de la existencia de todas las clases industriales anteriores. El continuo trastocamiento de la producción, la conmoción ininterrumpida de todas las situaciones sociales, la eterna inseguridad y movilidad distingue la época burguesa de todas las demás. Todas las relaciones firmes y enmohecidas, con su secuela de ideas y conceptos venerados desde antiguo, se disuelven, y todos los de formación reciente envejecen antes de poder osificarse. Todo lo estamental y estable se evapora, todo lo consagrado se desacraliza, y los hombres se ven finalmente obligados a contemplar con ojos desapasionados su posición frente a la vida, sus relaciones mutuas”

MARX y ENGELS, Manifiesto comunista, I

II. Cuestiones

1. Analice el/la alumno/na el significado de «instrumentos de producción», «relaciones de producción» y «relaciones sociales».

2. Reconstruya el argumento de Marx y Engels que les lleva a concluir: "Todo lo estamental y estable se evapora, todo lo consagrado se desacraliza y los hombres se ven obligados a contemplar con ojos desapasionados su posición frente a la vida, sus relaciones mutuas".

II. Redacción: El concepto de historia en Marx.

ANEXO III. EXAMEN

 

“La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario.

Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílica. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘superiores naturales’ las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado. Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.

La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados.

La burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones de dinero.

La burguesía ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan admirada por la reacción, tenía su complemento natural en la más relajada holgazanería. Ha sido ella la primera en demostrar lo que puede realizar la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas a las migraciones de los pueblos y a las Cruzadas.

La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado de esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.”

MARX y ENGELS, Manifiesto comunista

II. Cuestiones

1. Analice el alumno el significado que tienen en el texto los conceptos de "burguesía" y "revolución"

2. Explique las razones que llevan a Marx a concluir que: "Todo lo estamental y estancado de esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas."

II. Redacción: La relación entre las fuerzas productivas (economía) y la superestructura jurídico-política.

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